Guardiola tiene el objetivo del Mundial de Clubes por bandera. La cita de Abu Dhabi está marcada en letras de oro para una plantilla que ya sabe el sabor del fracaso así como el complejo camino para llegar a tener la oportunidad de ser el mejor equipo del mundo. Llega el clásico, partido a 90’ para mostrar capacidad y atrevimiento. Imponer el estilo es desde los tiempos de Cruyff el primer objetivo, la victoria queda en segundo plano ya que si esta se produce, el seguidor culé sabrá que el triunfo no ha sido suficiente.
Pellegrini no plantea para neutralizar sino que diseña para que sus equipos no pierdan las señas de identidad. No se verá un Madrid obsesionado con el Barça, por matices como la titularidad de Marcelo, ajustes en la presión y una marca a Xavi. La inversión de Florentino busca fascinar, sin embargo, Pellegrini maneja registros de los criticados Capello, Schuster y Juande Ramos. El motor no está gripado como le ocurría a los antecesores del chileno, la melodía no es propia de quien tiene juventud, talento y velocidad. El equipo está desacompasado, el chileno desafina.
Guardiola manejará la opción Messi hasta el final. Arriesgar no entra dentro de las opciones del mister, eso ocurrió en la final de la Champions, un hecho justificado por el carácter único de la final de Roma. Hace tiempo que el partido contra el Madrid dejó de ser lo único importante para los culés. Messi será el plan B, en el caso de estar bien. Si todo va sobre ruedas, Guardiola optará por no recurrir a él si el parte médico ha estado ajustado a la realidad.
Arriba, Henry - Ibrahimovic – Iniesta. El sueco está obligado a presionar como lo hizo el francés contra el Inter. No queda otra. El Barça voraz volvió con Titi en primera línea, la sensación de fuerza y superioridad volvió al Camp Nou. Henry buscará la espalda de Sergio Ramos, cuidado a las combinaciones de juego directo. La conexión Valdés – Ibrahimovic – Henry promete ser diferencial.
En el juego corto se anuncian nubarrones para Xavi Hernández. Iniesta será básico en el juego combinativo. Arrastrar a Arbeloa, jugar en la posición del ‘10’ dentro de un pseudo 1-4-4-2 con rombo y sin interior será la mejor manera de frenar los planteamientos de Pellegrini sin perder el equilibrio. La otra opción es el trivote de la Masia: Busquets – Xavi – Iniesta con la entrada de Pedro en el ataque. Resta recuperación, disputa y respuesta física para un partido en el que las ayudas y el juego invisible marcarán las diferencias.
En la salida de balón el Barça sigue acordándose de Márquez. La dupla con Piqué, el rombo con Valdés por detrás y Touré Yayá o Busquets por delante, facilitaba en gran medida el juego a los de arriba. La pelota llega limpia, rápida, en superioridad. Queda analizar la recuperación de Abidal; el martes era clave, contra el Madrid puede que también pero Puyol puede hacer las veces de lateral zurdo para hacer una falsa defensa de tres dejando el carril a Alves. Abidal, esté o no, es el ejemplo de que los futbolistas necesitan tiempo y cumplir unos procesos de adaptación. Ha encontrado en el Barça un lugar para ser feliz, el juego de toque ya no es algo imposible, dedicarle horas siempre ha resultado más sencillo y gratificante que vivir en un equipo donde todos siempre tenían demasiada prisa por marchar.
La estrategia será otro punto fuerte, por eso Iniesta de falso extremo y Keita en el equipo. Ganas una pieza, intimidas en las llegadas de segunda línea y sumas rematadores en un arte que el Madrid no domina. Defender la estrategia es su gran agujero negro, no tiene muchos jugadores para hacerlo. Guardiola, atento, buscará la superioridad; el juego a ras de césped se supone que es azulgrana, el juego aéreo también pero hay que demostrarlo. Si lo hacen, seguro que Guardiola piensa que su equipo está preparado.