El Bernabéu se puso a los pies del portugués, acaba de llegar y ya el ídolo. Las ausencias, las bajas por lesión, encuentran lecturas positivas. Su baja, unida al colapso mental del equipo y la ausencia de resultados ilusionantes, le ha elevado a los altares. Todo ello sin dar una patada al balón. Fútbol es fútbol, si el equipo juega mal, todos cargan contra el entrenador y miran a los que no están, si los ausentes son mediáticos, el futbolista adquiere una dimensión galáctica.
Llegó Cristiano, individualista y con hambre, quería agradar, buscaba el detalle bonito, la llegada sublime y el aplauso de un Bernabéu que levitaba hasta la salida del crack de Madeira. Lo aburrido se volvió intenso pero en veinte minutos se pudo ver que Pellegrini ha estado remando para morir en la orilla. Ha vuelto el portugués, y el libreto táctico tiene que volver a partir de cero. No hay espacio para la posición de Marcelo como interior. La amplitud en banda volverá a ser para el lateral, Arbeloa en partidos top, y los cuatro jugadores de primera y segunda línea de ataque volverán a tener que encontrar su espacio natural. Higuian no defiende, jugador reactivo, tras pérdida presiona, más bien se llena de orgullo, empieza a entender que esos esfuerzos además de gustar al espectador venden el perfil ‘sacrificio’. Cuando paso un suspiro, tres segundos, el Pipa suelta la fase defensiva y ya sólo piensa en perfilarse para el juego de ataque.
Kaka’ no tiene ida y vuelta. Heredero de la belleza estética, hace que algo sencillo pueda ser maravilloso. Viene del calcio y eso se paga. Allí se juega a otro ritmo, andando, con ritmos individuales explosivos pero con un orden y una precisión que hace válido aquello de que correr es de cobardes pero sin cobardes el fútbol es ideal para hacer la siesta. Tiene que cambiar el chip, el cambio en la dinámica de entrenamientos le perjudica, jugar a otra velocidad le agota, necesita crecer en lo físico, jugar con otra intensidad le está matando, llegado el minuto 60’, la curva de rendimiento es descendente, va de más a menos, nadie ha reparado en ello pero cuando todos miran para Cristiano, el jugador que marca diferencias es Kaka’, coincidente en demasiadas ocasiones, cuando el brasileño se apaga, el equipo se hunde, juntarse a Casillas es básico para no perder.
Benzema no marca pero se ofrece, hace muchos kilómetros en desmarque. Ya sea de apoyo o de ruptura, más bien los primeros ya que el francés es un jugador que ofrece su mejor versión en la contra, con espacio para correr y tirar diagonales. Tiene uno contra uno, define bien pero no ha encontrado complicidad con ninguno de los pasadores. Kaka’, Xabi, o Granero, ninguno de ellos ha sido la otra cara de la moneda de Benzema hasta el momento. El Madrid necesita que surja esa pequeña asociación como diría Valdano. Tiene que ser con alguno de los citados ya que con Cristiano no va a ser. El portugués es un killer, su etapa de extremo asistente ha quedado en el olvido.
Y nos queda Raúl. Su rol ha cambiado, juega siempre pero nunca 90’, entra y sale, ha pasado de ser él y diez más a ser el primer jugador de banquillo. Mala señal, cuando el capitán tiene muchas cualidades pero nunca la de revulsivo. Su salida significa que un crack vaya al banquillo. Sólo hay la opción de salir por el Pipita, no es rotundo que el Madrid mejore a día de hoy con ese cambio, la salida del capitán por un mediocentro, Lass o Xabi, destroza el equilibrio. En los mejores partidos, Pellegrini no debe tener muy claro lo que hacer con Raúl en los días de gloria o decepción.
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