
Guardiola, líder del Barça, sincero y ganador. No buscaba ganar un partido ni dos, ni tres; buscaba ser leyenda, hacer un equipo que situase al Barça, de una vez por todas, en el panorama mundial. Sólo quien paso de recogepelotas a ídolo sabe que las urgencias históricas no se curaban con una Champions, ni con dos ni con tres; el Barça necesitaba ser único y diferente, ganador inconfundible, ejemplo a imitar. El camino hacia la gloria que hoy hace un punto y seguido no es mérito exclusivo de Guardiola ni de Laporta, tampoco demérito del último que de un tiempo a esta parte bien poco ha hecho para hacer que los culés, repartidos por todo el planeta, se sintieran orgullosos.
Vayamos al origen, Guardiola hereda toda la columna vertebral, a un número uno como Messi junto a la magia del humilde Iniesta, al mejor Xavi y al experto Valdés, de rebote al indomable Eto'o; estaban confundidos, desorientados. Faltaba un líder, Laporta se evaporó, Rijkaard no estaba. Llego Guardiola para hacer limpia con el poder establecido. Destrozó la jerarquía, el no iba a ser un entrenador sino el jefe. Ser el primero en escenificar todo lo que podía dar Guardiola me permite escribir estas líneas. Sé que nunca se entenderá como una crítica, Guardiola le ha dado al Barça lo que le faltaba, magia. Será un equipo para el recuerdo, un himno al fútbol, un año marcado por los títulos y las batallas, ganador de todas las maneras. La armonía era perfecta, el equilibrio venía dado por la filosofía, el carácter ganador importado por una pasión: la de Guardiola.
Nunca Cruyff hubiese podido ganar los seis títulos, tampoco Rijkaard ni Van Gaal o Robson que ganaron tres. El fútbol como la vida es un proceso, el club de aquella no estaba preparado. Ni sus gentes, ni el famoso entorno. Guardiola se encontró con una filosofía histórica que ya había mamado como futbolista, Cruyff aguantó tiempos difíciles para escribir doctrina con letras de sangre y oro. Quién sabe que hubiese ocurrido si Nuñez le hubiese destituido antes de esa final de Copa contra el Madrid. Cruyff hizo lo imposible, hacer al Barça ganador. Un equipo con miedo al abismo, lleno de confusiones; con Cruyff ganaban tanto como perdían pero rompieron barreras. Confió en los canteranos cuando antes de su llegada había un solar aunque el denostado Van Gaal fue el ejecutor dejando a Puyol, Xavi, y Valdés como herencia. No confió en más porque no los había, la Masía tardó demasiado en ser una fábrica, un rodillo inigualable de talento. Con Robson, los canteranos quedaron atrás pero el público se dió cuenta que un equipo ganador necesita números uno, más si se juega sin red, al ataque sólo ganas cuando tienes a los mejores y estos corren como demonios.
Llegó Gaspart, para olvidar, su único acierto es que propició que Laporta, Jan de aquella, llegara al poder. De más a menos pero este club no deberia olvidar el impacto Laporta. No podía haber sido de otra manera, Nuñez fue el que puso la primera piedra, el club pasó del escándalo al señorio, marcó la línea de lo que debe ser un presidente, sin política ni propaganda. Laporta llegó de rebote, el candidato del elefant era Godall. Su presidencia vino con una mentira, la de Beckham, pero fue líder, imagen y determinación. Bassat, un número uno, era correcto, Laporta era transgresor, estaba rodeado de los mejores, un equipo que terminó destrozando porque Laporta es ego con una sólo injerencia, Cruyff. Se irá como mejor presidente de la historia del barcelonismo. Lo merece aunque luche por desmitificarse cada día. Se fueron Rosell, Ingla y Soriano, y unos cuantos más. En menos de seis años se cargó tres juntas. Hizo un equipo ganador, lo destrozó porque la noche les hizo perder el sentido para vergüenza del barcelonismo. Tenían un equipo para hacer leyenda, por primera vez en la historia el Barça tenía ídolos y sucesores. Equipo para ganar durante más de un lustro, con el Madrid confundido y el Milan, el otro gran referente, perdido en la desidia.
Regalaron una y dos ligas, el mérito del Madrid indiscutible, no tiene perdón ese equipo de Rijkaard. Fueron ganadores, pusieron los automatismos y los registros del Barça actual. Sin el equipo de Rijkaard, Guardiola no hubiese sido capaz.. Empezar de cero lleva mucho tiempo y unas dudas que hubiesen matado al inexperto, aquel que no ganó las elecciones porque los fichajes de Guardiola llenaban menos al barcelonismo que Beckham. El Barça del ochenta, con Menotti, el primero que conocí, era más que un club. Era un niño, no entendía nada, poco a poco me fueron contando: era política, el Barça era una manera de revelarse contra el poder establecido. Hoy en día el Barça es más que un club. El mejor equipo de la historia del fútbol a una temporada, todo ello con una filosofía inigualable, todos han puesto de su parte, ninguno ha mirado ni la historia ni la política. Lo dijo Bernabéu, 'si los catalanes -por el Barça- se unieran, sería imparables'. Todos menos uno, Laporta, que distorsiona con la política. Este Barça lo ha parido él, pero sigue pensando que el Barça debe ser política y después lo demás. Después de muchos hombres buenos, Guardiola ha rematado la faena. Acabará siendo el presidente del mejor equipo de la historia.Talento aplicado al esfuerzo, un número uno, sin los otros nada hubiese sido posible. Todos ellos han hecho del Barça, ahora si, más que un club de fútbol.
Pasión Guardiola, por Marcos López (20-Mayo-08, antes de arrancar su era. Publicado en el libro: Futbolitis, fútbol en estado puro)