Portería a cero más pegada descomunal, el arranque de los de Ancelotti ha sido desgarrador. Lejos de deprimirse por los fracasos del pasado y la ausencia de refuerzos mediáticos, los blues han dado el poder a un entrenador deseoso de demostrar que por más que Berlusconi alardeara de hacer las alineaciones, su mérito era indiscutible. En el Chelsea había jugadores pero faltaba colectivo, encontrar un sistema para que todos sacaran lo mejor de sí mismos era un imposible desde que Abramovich se decidió a fichar a Ballack y a Shevchenko.
Jugaban 1-4-4-2, Mourinho dejó atrás el 1-4-3-3, las bandas y el contraataque. Problemas de amplitud en ataque, también de incompatibilidad, Ballack no mezclaba con Lampard, Sheva no encontraba su lugar, la dupla Anelka – Drogba no sumaba; el rendimiento lo encontraban cuando jugaba uno u otro pero nunca los dos. Pasaron entrenadores, cambios de sistema para terminar volviendo al principio. Un galimatías, el Chelsea competía, estaba cerca de los títulos pero le faltaba el toque diferencial. Perdieron una Champions por un resbalón, el pase a una final por la imprecisión de Drogba y otros títulos por márgenes muy pequeños. Se merecían más pero nunca dejaron de ser una máquina imperfecta, de esas que notas que no está exprimida.
Llegó el estratega, un entrenador con mentalidad defensiva y búsqueda constante de soluciones ofensivas de laboratorio. El sistema seguía siendo el mismo, 1-4-4-2, con laterales carrileros aunque con variantes ya que Ancelotti no duda de poner al gigante Ivanovic en el lateral tras la baja de Bosingwa lesionado hasta febrero. En la izquierda Ashley Cole, y los centrales los de siempre.
En la zona ancha, Obi Mikel juega menos de lo habitual; indiscutible el año pasado, un cambio habitual partiendo desde el banquillo. La lesión de Lampard le despeja el camino para jugar más arriba ya que Obi Mikel, como bien demostró en las inferiores, es un ‘10’ o un ‘8’ pero jugando de vértice es una fiera enjaulada. Ahí juega Essien. A su lado, Lampard y Ballack, hacen sociedad, se compenetran en la llegada de segunda línea y la cobertura del ‘5’ blue. Para rizar el rizo, Deco ha encontrado su espacio, juega de punta de vértice, es el ‘10’. Meter en un mismo equipo a Ballack, Deco y Lampard tiene mérito ya que son tres que llevan haciendo las mismas funciones en sus equipos salvando matices individuales.
Arriba, la dupla Anelka – Drogba. Se entienden y se complementan. Pegada, velocidad a la contra y mucha movilidad y caída a banda. El egoísmo no les puede, son dos killers que suman más que restan. Desde el banquillo las opciones son infinitas pero nunca verán a Ancelotti cambiar los roles o hacer probaturas. Todo controlado, con rigor y precisión, es un entrenador de laboratorio. Ha cambiado algunos roles, Joe Cole tras su grave lesión ha vuelto para ser el relevo de Deco en la mediapunta, Kalou juega como delantero reserva y la entrada de Malouda es la representación del cambio de sistema para jugar asimétrico.
Zhirkov, los últimos serán los primeros
Juega Ashley Cole, el zar ruso no ha jugado nada. Es un chico bueno, líder en silencio del CSKA, un jugador introvertido, con personalidad y sed de victoria. Es elegante, con recorrido,. La reconversión al lateral le ha quitado el brillo de quien durante mucho tiempo fue una estrella en Rusia. Hiddink lo intentó con él en la Eurocopa, le faltaba un ‘3’ y optó por Zhirkov para ser ofensivo. Desde entonces ha combinado la banda izquierda como interior en el CSKA con el lateral en la selección. En el Chelsea juega de lateral, Ancelotti no le había dado demasiada bola hasta que salió en A Dragao, una plaza difícil. Vital en el 0-1, indiscutible por velocidad y técnica, jugó al mismo nivel que en la selección rusa, excelente como siempre. Tiene precisión, desequilibrio, criterio y destila fútbol, es la pieza que le falta a Ancelotti. Con el ensamblaje de Yuri, el Chelsea cobrará otra dimensión en lo ofensivo.
La máquina está engrasada, el equipo va como un tiro. Eliminados en la Carling Cup hace unos minutos, Ancelotti ha hecho los tres cambios del tirón, la lesión de Kalou les ha dejado con diez, han competido hasta el final. El gol de Ferreira refleja un equipo con mentalidad. Les servirá como experiencia, también como dosificación. Nunca es bueno ser el mejor en el primer trimestre, hablan de momentos de forma pero el Chelsea tiene bestias en lo físico que poco acusan el paso de los meses. Han pasado muchos años desde el 1-4-3-3 de Mourinho que representaba la transición más rápida de la historia del fútbol, nunca los blues habían llegado a ser lo que se proponían desde un principio, un equipo arrollador, completo, intimidador, con una máxima: portería a cero con una obligación, golpear al adversario hasta dejarle KO, con un deseo, ser campeones de Europa. Sólo falta que los deseos se hagan realidad.