Existen mil maneras de perder, cientos de pretextos que validan una victoria. Las finales se ganan sí o sí, nadie discute que hay partidos donde la victoria se convierte en lo único. La dimensión del fracaso o el éxito es superior cuando hablamos de una final de Champions, el contraste son los partidos de liga regular, todo se olvida en pocos días ya que cada tres días se renueva el juicio. Se entrena poco, se juega mucho. El modelo de juego es el libro de ruta para no perderse por el camino. Muchos entrenadores han caído por cambiar de sistema, por perder la personalidad en los días grandes o por generar confusión entre el discurso y la toma de decisiones.
Pellegrini no es un constructor de equipos, en el Villarreal encontró un equipo hecho al que le fueron mejorando la calidad individual en el cambio de piezas. El fútbol es un estado de ánimo como diría Valdano, la ansiedad es algo inherente en el Madrid. Esta provoca el engaño, el Madrid no está a la altura del Barça y si lo está, es un síntoma malísimo para el madridismo. Tras cuatro meses de competición, el proyecto ya ha alcanzado su punto álgido, todo ello con derrotas contra los buenos, Sevilla, AC Milan y Barça.
Un constructor de equipo sabe que la derrota es necesaria, no derrumbarse al primer envite es básico para salir ganador. Cruyff llegó y jugó con defensa de tres, uno de ellos Aloisio. Perdió mucho, regaló bastante. No renunció nunca a su filosofía. Estuvo cesado, ahora es el entrenador referencia de la filosofía barcelonista. Benítez impuso la defensa y el ataque, la transición, el concepto de equipo de juego táctico y espectáculo de laboratorio. Estuvo cesado, en el descanso de Montjuic, bajo la nieve, resurgió y llevó al Valencia a las cotas más altas de su historia reciente.
El Milan de Sacchi perdió con el Sporting de cantera de Novoa, en el calcio estaba fuera de todo hasta que la chispa arrancó, los conceptos se asimilaron y el equipo se volvió en la exaltación del fútbol colectivo. El Barça de Guardiola necesitó menos pero muchos no se acuerdan de la temporada pasada. Perdió con el Numancia, empató con el Racing y arrancó en la liga mientras en la Champions hacía una fase de grupos que dejaba muchas dudas de madurez. Cayó el triplete, será un equipo inolvidable, tardó menos que los otros porque Guardiola tiró de las bases de Rijkaard como Capello tiró de las bases de Sacchi.
Ejemplos de grandeza, Cruyff, Benítez, Sacchi o Guardiola. Ninguno cambió el estilo ni las formas, sabían cuál era el objetivo y cómo llegar a él. Demostraron su grandeza en la derrota, demostraron una personalidad arrolladora válida para tener credibilidad en el día a día. Su éxito fue mantener la estructura, la idea y la filosofía cuando no salía nada, cada derrota significaba mayor empeño. Nunca la derrota llevaba a la duda. Los medios les criticaron mucho, alguno tuvo que soportar que lo trataran como si fuera un demente; nadie entendía nada pero ellos eran los únicos que sabían hacia donde iban. Ninguno mostró sorpresa por lo conquistado.
Pellegrini está lejos, muy lejos de estos en la derrota. La ansiedad le puede, busca justificar, pelear en el debate mediático. Una y otra vez utiliza las ruedas de prensa para confundir, lanza un mensaje que no se cree nadie, hace de los partidos un espejismo ya que lo que ve el chileno es bien diferente a lo ocurrido. En el Camp Nou no quiso la posesión, el equipo no se asoció, no hizo correr al Barça en la transición; contra el Zurich terminó atrás como contra el Racing. El Xerez o el Tenerife, dos recién ascendidos, le quitaron el balón en el Bernabéu. El Villarreal, con diez, le tuvo contra las cuerdas sin olvidarnos del Sevilla o el Alcorcón que lo ridiculizaron. El equipo nunca manda, no tiene idea ofensiva ni se le supone. Los jugadores ocupan las mismas posiciones, la amplitud es una quimera, el juego de toque ha recibido su último ataque de muerte por Pellegrini. Desde hace un par de partidos ha detectado que Lass le quita protagonismo a Xabi. Uno u otro, el Madrid necesita a los dos porque no ha fichado ningún jugador para poder jugar de pivote en soledad. Pellegrini quita del medio a Lass, lo esconde y le hace pensar en defender cuando su equipo ataca. No la toca. El Madrid juega con diez en ataque. Eso que puede ser válido para ganar partidos es inválido para crear escuela. Es como cuando el Barça fichó a Coco, el italiano, nada tenía que ver con el estilo y el equipo fracasó porque si hablamos del concepto ataque, jugar con Arbeloa en el lateral izquierdo es jugar con nueve. Marcelo suma pérdidas en partidos importantes, ya quedan ocho y con cuidado porque Marcelo te mete en un lío a la que te despistas…
El Madrid gana pero huye del balón, mete uno y se echa atrás. Los automatismos no existen, el boceto del futuro tampoco. El Madrid podrá ganar, tiene grandes jugadores, pero nunca llegará a fascinar. El peor síntoma es que todos se felicitan de haber parado al Barça. El Madrid perdió como equipo pequeño, uno grande hubiese recuperado y en caso de no contra, hubiese tenido la pelota, hubiese castigado al Barça corriendo detrás del balón, haciendo del Barça un equipo arrinconado contra su portería con el Camp Nou lleno hasta la bandera. En ese caso, perder hubiese sido una consecuencia, un mal menor para sembrar un futuro que hará que el Madrid pueda ganar al Barça pero nunca conseguirá intimidarle, hacerle temblar, hacer que los niños vuelvan a ser del Madrid porque el objetivo del Madrid no es ganar sino mandar, ser la referencia del fútbol mundial.