Los adversarios dominan los registros del triplete, abrir la lata no es cosa sencilla, los ecos del triplete sirven para ser el equipo a batir, ganar a los de Pep da caché, sino que se lo pregunten al ‘Chori’ Domínguez, jugador al que muchos han descubierto hace dos días cuando lleva años jugando a un nivel superior.
El equipo ha perdido forma, las individualidades están un paso por debajo, la circulación se encuentra con obstáculos, el dominio no se traduce en explosión. Un año juntos ha generado rutinas, juegan de memoria, entienden a Pep con una mirada, tienen la confianza del ganador, eso hace del Barça un equipo más sólido, ganarles hoy es más complejo que hacerlo la temporada pasada. La lectura negativa es que los rivales esperan y no buscan, la victoria es un objetivo para los últimos diez minutos, antes, lo importante es no salir goleado.
El espectáculo es cosa de dos, cuando hay un equipo que simplemente defiende sin perder el sitio, que espera en 20 metros y que no tiene salida ofensiva, estamos hablando de otra cosa, el espectáculo es acción – reacción. Los partidos se traban, la necesidad de llegar al último tercio con la necesidad de ganar es una constante, el Barça progresa, Guardiola busca soluciones. Las alarmas saltaron en Kazan, oleada tras oleada, el equipo era incapaz de hacer gol.
La ansiedad pudo con los de Pep, en el último cuarto de hora perdieron el sitio, el Rubin tenía el partido donde quería, los de Gazzaev son ganadores ante la desesperación del adversario. Ese día, Valdés y la fortuna salvaron al Barça, había merecido más pero en el último tercio pudieron quedarse fuera de los octavos. Pep Guardiola tomó nota, no perder la posición es básico, no regalar es obligado si quieres salir campeón.
El Barça, tras el partido contra el Rubin, nunca pone en duda el partido. No lo pierde, no entrega la cuchara, el empate nunca es tan mal resultado si se ha vivido para ganar. Faltaba un plan B, un cambio posicional para generar dudas y sorpresa, para confundir al adversario. Guardiola, se define como un ladrón de ideas, toma soluciones del equipo de Rijkaard. Es la de Stanford Brigde, en la noche del teatro de Messi, meter a Ronaldinho por detrás de una línea de tres, cambiar el sistema por el 1-4-2-1-3.
Ese uno fue Messi en Riazor, con el objetivo de vivir en la espalda del doble pivote del adversario. Su espacio, esa burbuja entre medios y centrales, un espacio denominado la jaula por Fabio Capello. De hay sólo salen los mejores. el doble pivote para Busquets y Xavi, siempre escalonados, nunca en línea. Amplitud por bandas, Iniesta en la posición de Ronaldinho o Laudrup para amenazar con el slalom. Pedro en la otra para jugar a centros y remates. Arriba, un nueve, Zlatan, siempre dispuesto para finalizar. El Mundialito empieza en horas, el Barça viaja con ilusión, Guardiola con confianza, ya tiene otra manera para ganar partidos…