Visualizar el futuro significa analizar el presente desde una perspectiva cognitiva, también atreverse porque acertar pertenece al mundo de las ideas. Se termina el año de la dictadura azulgrana con un brindis majestuoso por la excelencia de un equipo que lleva décadas persiguiendo un ideal de belleza imposible. Queda Barça, un club que vuela cuando consigue la pócima mágica: autoestima elevada con calidad diferencial y sed de victoria siendo en primer lugar profesionales y en segundo futbolistas.
La liga no tiene color azulgrana por más que sean líderes y marquen la pauta. Lo sospechaba al inicio del campeonato y lo siento a día de hoy. El Barça, de plantilla corta, afronta un calendario sin respiro; sólo quedar eliminado en algo le servirá para coger aire y renovar la dureza de la crítica en la derrota. La Copa de África dejará tocada la zona ancha, la del fútbol y el equilibrio, así como la rotación. Milito puede y debe ser importante, aunque por más títulos que gane el Barça nadie debe olvidarse que Márquez lleva missing desde abril. Puyol recuerda al galáctico en el corte y la disputa que firmó una renovación con Gaspart que casi deja temblando a Laporta cuando llegó pidiendo a los jugadores renegociar sus fichas.
El Madrid, mejor de visitante que de local, ha pasado batallas definitorias a domicilio sin perder comba y sin entregar el adverage con el conquistador Barça de Guardiola. En enero no tiene Copa, un partido por semana para un equipo que sufre siempre después de jugar Champions o Copa. La competición entre semana, ciclo corto o largo, le penaliza. Las secuelas vienen por la necesidad de tiempo para recuperarse de la intensidad y el desgaste físico. El Madrid sufre, suben las revoluciones. Sobrevive, unas veces sí y otras no, pero la pájara le llega el día después. Sin Copa no tendrá ese problema a corto plazo, es candidato a sumar de tres en tres, y principal favorito para ganar la liga.
El castigo de la Champions es inverso en el Barça. Los tropiezos llegan antes de la cita con la élite. Eso habla de un equipo preparado en lo físico y en lo emocional, no celebrar los partidos como finales, ganar no significa nada más que progresar. El fin último es el día a día, el segundo hacer leyenda. Dejarse puntos en liga antes de la Champions significa problemas de atención; a nivel mental el Barça tiene en la Champions su objetivo. Muchos canteranos, nunca un ejército de mercenarios, la ilusión de ganar una Champions en el Bernabéu es la inercia del Barça de las seis copas. Están a seis partidos, tres de ellos en el Camp Nou, y el primer rival, el Sttutgart, no parece ser un ogro insalvable. Los equipos cuando pierden ambición no caen en picado, las tardes de gloria pasan de ser habituales a esporádicas, los jugadores empiezan a seleccionar los días de chaqué y los días de expediente.
Con el Barça candidato a repetir Champions toca justificar porque el Madrid sí para la Liga y no para la Champions. Nadie la ha ganado con un equipo nuevo, los jugadores del Madrid han provocado dudas cuando han competido contra los grandes, también hay un detalle, la lesión de Pepe; el año pasado la sanción a Pepe les dejó sin posibilidades en la liga, este año, con un equipo reforzado, la pegada y la calidad individual será suficiente para sumar de tres en tres en liga, pero de una complejidad máxima achicar con rivales como Drogba, Gomis, Rooney, Ibrahimovich o Eto’o. La élite les queda a un paso pero ese paso suele ser un abismo.
Madrid y Barça, dos grandes enfrentados, dos equipos de ensueño con mucho que ganar y bastante que perder. Al Barça le permitirán la derrota, el Madrid ambiciona títulos y gloria. Dicen que la cuenta atrás ha empezado, la presión de la derrota será un obstáculo para los de Pellegrini, saben que no luchan para ganar sino para acabar con un equipo que ya es leyenda. El desafío continúa…