Los gunners vivían en campo contrario, embestida y avalancha; los toffees no respiraban, un ejército que sobrevivía despejando balones y acumulando jugadores por detrás de la línea de balón. No había opciones, los mejores minutos de los chicos de David Moyes habían pasado. Un arranque trepidante, un Arsenal lento y espeso como viene siendo habitual en el primer tercio, un Almunia silbado y un Emirates lleno de fieles.
Denilson era el jugador del partido, llegando desde tercera línea, haciendo un buen balance defensivo, siendo capaz de interpretar bien el rol de jugador para desahogar y cambiar la orientación del juego. No quedaba mucho para el final, una disputa en la mitad del campo toffee marcó la diferencia. El fútbol son detalles, controlar todos los aspectos del juego significa ser ganador, la madurez del futbolista se define por detalles. Balón dividido, Denilson se va al suelo, la disputa con Pienaar le había dejado tocado. No manifestó su lesión, quedó boca abajo, despistado, mientras el sudafricano Pienaar salía como una bala. Sagna no pensó ni por un segundo que su compañero había abandonado, Gallas tampoco sospechó nada. Una pérdida, una contra, la basculación de Vermaelen dejó un carril inmenso por el centro. Ahí llegó Pienaar, a la carrera, justo cuando un inocente Denilson se levantaba. Mano a mano contra Almunia y sobredosis de calidad. El crack del Ajax había vuelto, Pienaar justificó porque un día fue considerado un proyecto Seedorf.
El partido no había acabado. Saque de centro, los toffees atrás y Denilson con la pelota. Era el receptor, el Arsenal se desplegaba en ataque. Denilson no había dicho su última palabra. No sabía si estaba lesionado, tampoco debía sospechar nada, al segundo toque en conducción se fue al suelo, le volvió a dar el pinchazo. Recuperación y contraataque, la historia se repetía, era la sentencia, la tuvo Vaughan. Tiró al muñeco, en dos minutos el Everton pudo sentenciar. Quien perdona pierde, no fue gol pero eso no escondió el enfado monumental de Wenger; sabe que perdió dos puntos por la inocencia de Denilson. Pudo ser peor, la élite castiga la falta de lectura de partido sin vehemencia. El Chelsea respira, la amenaza gunner se ralentiza.