Humo, poco más que eso, nada que no se supiera. Ayer, en el Palau de la Música, Guardiola vivió el homenaje más dulce, la despedida que no tuvo cuando fue futbolista, ni el respaldo como director deportivo cuando fue el hombre fuerte de Bassat. Fue una explosión de agradecimiento, un estallido natural que reflejaba la realidad: Guardiola es Dios, como dijimos en su momento, Cruyff, el holandés volador, ya es el segundo de la lista.
Esta mañana anuncio de renovación. Sin papeles, sin acuerdo ni más pacto que el verbal, que legitima a Guardiola a pedir una indemnización en caso de que el nuevo presidente no acepte, pero es algo tan irreal como superfluo. Guardiola nunca pedirá la indemnización y si el nuevo presidente no firma la renovación de Pep, saldrá en globo antes del Gamper.
En junio hablaron de renovación, eran cinco millones de euros más objetivos. No le gustó a Pep que las cantidades salieran con pelos y señales en los medios. Poner el argumento de las pretensiones económicas como causante del retardo, enfadó tanto al noi de Santpedor que decidió aparcar de manera radical la negociación. No quiso saber más del tema, se escudó en que no era el momento.
Es sencillo negociar siendo Pep, es el número uno, lo dije antes de que empezar, lo diré en la derrota porque no tengo ninguna duda de que Pep es mejor que cualquier otro en la derrota pero eso nunca será elogiado ni reconocido, es más no interesará a nadie pero lo contaré cuando ocurra porque todos pierden aunque no lo merezcan. No perderé más líneas en repetir lo que cuentan los que se han sumado al carro, aquellos que pedían el cese, ‘más de lo mismo’, ‘inexperiencia’, tras las dudas del Gamper, la derrota en Soria, el empate contra el Racing y la victoria insustancial con el Sporting de Lisboa en Champions.
Lo de hoy no sirve de nada. No había ninguna duda de que Guardiola seguiría. Ninguna. Guardiola, ser racional, nunca dejaría de entrenar un equipo con Messi, Iniesta, Piqué y Valdés como columna vertebral para los próximos cinco años. Sería de ingenuos, dejar paso para que otros se colgaran las medallas. Hay Pep para rato. Otra cosa sería tener en el equipo a ídolos como Ronaldinho, Deco y verano de Mundial. Era el escenario del 2006. Imposible ir contra ellos, mejor irse. Ahora es diferente, nunca hubo dudas de que seguiría. Se lleva bien con Rosell, su hermano Pere es socio de Sandro. No hay más que comentar. Con Soriano e Ingla no tiene dudas, el proyecto Guardiola nace de la mano de Txiki e Ingla. Seguiría. Con los continuistas habría dudas y por eso Pep retardaba su renovación. Lo de hoy ha servido para saber que Guardiola seguirá con los delfines de Jan. Es el único detalle de un entrenador que quiere que en los aviones se hable de fútbol [aviso para navegantes] y no de eventos. Si llegan al poder no servirá aquello de “que aprendan” sino “que se preparen”. Guardiola es el poder, no valen tonterías.