Las concentraciones dependen de las apuestas. Lejos de su beneficio, su carácter es aleatorio. Un recurso para encontrar motivación extrínseca. A falta de convicciones grupales, de fuerza intrínseca, el recurso es tirar de vacaciones, cenas o primas. Pellegrini, el ingeniero, tira de recursos y se saca de la manga las concentraciones.
Contra el Málaga, el Madrid no hizo todo lo que debía hacer para ganar; el detalle de la concentración refleja la ausencia de justificación de la misma. Si esta es una premisa básica para encontrar el máximo rendimiento, el Ingeniero fue negligente o ninguneó el partido. Si no es premisa básica, ¿para que los concentra? ¿Se imaginan a un futbolista jugándose a las cartas si se venda los tobillos o un entrenador apostando el sistema de juego?
Un entrenador no es más que un líder, una fortaleza en convicciones, racionalidad aplastante para llevar al éxito a unos jugadores y a una entidad. Imponer sin fundamento sólo genera desgaste, dictar sentencia sin naturalidad y sentido debilita el día a día. Ser vulnerable, cambiante, aleatorio es el final. Cuando esto ocurre, el entrenador deja de ser determinante para ser presencial.
Otro debate es el beneficio de las concentraciones. Mil noches en soledad, el lento pasar de las horas y la rutina son elementos nocivos. El descanso, la concentración y la preparación colectiva son algunos de los ítems de quienes ven en las concentraciones un ritual imprescindible para la victoria.
Guardiola huye de ellas, diferencia competiciones, llegar al lugar del evento unas horas antes es suficiente en liga, en Champions todo cambia. Existe obligación de llegar un día antes cuando eres visitante pero Guardiola concentró al equipo como local. Contra el Madrid, ídem de lienzo. Busca sorprender, controla variables y toma decisiones, nunca un aspecto influyente en el resultado puede ser motivo de apuesta.
Pellegrini podría haber esgrimido mil y una razones. Eligió la peor, existe la sospecha de que en el vestuario no gustan las concentraciones. Asegurar el descanso era una prioridad, las idas y venidas una preocupación. Valdano, en su primera declaración de intenciones, aseguró que la profesionalidad sería incuestionable.
Otros entrenadores prefieren hacer una concentración post partido. El intervencionismo es transcendente. Actuación inmediata de masajistas y fisios, control nutricional máximo y sesión de recuperación a la mañana siguiente, así como terapia de grupo ya sea en la victoria o en la derrota. Es momento de debate en futbolitis, tú opinas, Concentraciones, ¿cuándo y cómo?