Wenger contra Ferguson, Ancelotti a la expectativa. El United busca la cuarta corona consecutiva, algo que marcará un antes y un después. El Chelsea con Mourinho y los gunners de Wenger fueron los otros campeones de la década.
Se juega en el Emirates, el United llega castigado por un periodo de múltiples bajas y una sobrecarga tremenda repartida entre unos pocos jugadores. Su voracidad competitiva, buscan todos los títulos, su dificultad para abrir la lata y la semifinal contra el City hace del partido una final llena de inconvenientes.
Ambos equipos, Arsenal y Manchester, comparten dificultad. Les cuesta una barbaridad abrir la lata. Una vez conseguido, llega la posesión y el rodillo en los gunners, la contra y la pegada en el United. El United tira de 1-4-4-2, sistema histórico. El traspaso de Cristiano Ronaldo ha significado una vuelta al pasado, el United de hoy recuerda al de Yorke y Cole, con Beckham y Giggs en las bandas y Scholes más Keane en el doble pivote. Cambiando cromos nos encontramos con Carrick y el eterno Scholes aunque Flechter supone el cambio generacional. En derecha Valencia, en izquierda Nani, y arriba Rooney y Berbatov. Semejante estilo, automatismos clonados, el United representa, a día de hoy, el fútbol inglés en estado puro.
El Arsenal, a la espera de un nueve, es un equipo de toque y movilidad, su virtud es el aprovechamiento de los espacios libres. Las posiciones dinámicas, la intensidad y la circulación son detalles básicos para provocar el error y la fatiga del adversario; su espectáculo está en la circulación y el cambio de ritmo con balón. Todo apuntaba al fichaje de un ‘9’. La masa social gunner lo pedía a gritos.
Van Nistelrooy era un perfil muy evidente. El jugador ideal para aumentar la efectividad sin perder criterio ni intensidad. No hubo movimientos, Wenger decidió pasar de largo y dejar en bandeja al Hamburgo el fichaje de Van the Man. Dicen que no necesitan un ‘9’, con la adaptación de Vela o el recurso de Bendtner tienen suficiente. Verdad a medias, todo apunta a que Chamak, el ‘9’ del Girondins, está cerrado para el próximo año. Acaba contrato y será gunner.
Fútbol como colectivo, el registro es semejante pero la genialidad de la individualidad está llevando a unos y a otros a competir y soñar con el éxito. Rooney y Cesc Fábregas como líderes. El inglés es un killer, incontestable de cara a gol. Está sobresaliente, su nivel de autoestima por las nubes. Marca goles con facilidad, hace que su equipo sume puntos sin que nadie sospeche que la adaptación de Berbatov es un misterio por resolver, un problema con el que no contaba Sir Alex Ferguson.
Cesc es el otro referente, su cambio de ritmo marca diferencias. Arrancar y frenar, siempre con balón, mezclar el fútbol es su virtud. Juega a un toque, lo hace a dos, en corto o en largo, conduce y desborda por dentro, llega al espacio. Cesc es el elemento que hace que el fútbol del Arsenal sea vertical e imprevisible.
La derrota les aleja del título, el empate da como ganador absoluto al Chelsea. Buscarán la victoria, el ritmo y la intensidad es su virtud, bajar revoluciones les perjudica, jugar a especular es nocivo para su rendimiento. Con estos parámetros, perdérselo es pecado. Y la próxima semana, Chelsea - Arsenal.