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# miércoles, 17 de septiembre de 2008 8:24

"En lo que dura un parpadeo". La falta de ayuda psicológica en los accidentes de tráfico

 

Carolina es una madre sin hijos muy joven. Demasiado joven. Además, es viuda y víctima que ha sobrevivido a un mal llamado accidente de coche. Pero también es psicóloga y la autora del artículo “En lo que dura un parpadeo”, publicado en la Revista de Psicología INFOCOPONLINE.

 

Cuando Carolina llegó al grupo que formábamos afectados por las muertes en la carretera, en donde la mayoría éramos madres y padres de víctimas, no llegó pidiendo ayuda, lo hizo ofreciéndose para ayudar. ¡Dios mío, que fuerza! Y cada vez que estamos juntos, ella muestra una serenidad, una claridad, una paz y un sosiego que no tenemos aquellos que hemos sido sólo familiares de víctimas.

 

Este artículo, junto con la entrevista al psicólogo Francisco Duque Colino trata de mostrar lo poco que aún se hace y se tiene en cuenta, referido a  la ayuda psicológica para los afectados de accidentes de tráfico, causa primera de miles de muertes en nuestro país,  hoy en día, mayor en número que por enfermedad, catástrofes naturales, accidente de avión y  homicidios, temas  que, aparentemente,  nos preocupan más.

 

Carolina con su relato, duro, estremecedor y real, describe como vivió y sintió ese momento y lo que, ella como profesional de la psicología, echo en falta.

 

Recordar aquí que en nuestro caso, recibimos noticia de que algo le había pasado a Helena a través de un mensaje en el contestador telefónico. Que cuando nos pusimos en contacto con el teléfono del mensaje nos informaron “a bocajarro” y con tono de reproche “es que Ud. no sabe que su hija hace 3 horas que está muerta”.

 

Hace unos días, conocía a través de un amigo motero, como dos de sus amigos habían muerto. Una pareja, él en el mismo accidente y ella en el hospital, por un infarto, al comunicarle la muerte de su marido.

 

El amor de mi hija, que iba con ella en el coche y resultó gravemente herido, me llamó unos días después de enterrada Helena, para peguntarme cómo estaba ella. Nadie me ayudó a saber que tenía que decirle y nuestra conversación fue más o menos así:

“...Hola cariño ¿cómo estás? Bien, bien. Y ¿Helena? Helena está peor que tú, pero tú tienes que ponerte bien enseguida, para ayudarme a cuidarla...” Le habían dicho que ella estaba en otro hospital.

 

Esta conversación tuvo lugar en un momento en que yo regresaba de una visita al cementerio. Aún no sé de dónde saqué fuerzas para mentir de tal forma y tan convincente.

 

Álvaro que estaba en el hospital y que sus padres se habían encargado de buscarle un psicólogo, unos días después de esta conversación, fue informado de la muerte de Helena.

 

Mi marido y yo, recibimos ayuda psicológica porque unas buenas personas se encargaron de buscarla por nosotros. Nunca recibimos esta ayuda de ningún estamento oficial, ni en ese momento ni en ningún otro.

 

Después de 3 años, en mi caso, sigo unida a mi psicóloga que me sigue ayudando a sobrevivir.

 

Querida Carolina:

Perdóname por haber llorado contigo más mi pérdida que tu tragedia. Perdóname por haberte visto, siempre, como una madre sin hijos. Gracias, porque, con tu relato, me has hecho ponerme en el otro lado, el del que sufre en sus propias carnes el accidente.

 

Sólo una cosa más. Aclarar, por si alguien no lo percibe:

 

El accidente de Carolina no se produjo por un parpadeo de ella. Un conductor borracho impactó contra su coche. Un conductor tan borracho, que después de producir el accidente, abandonó su coche y se marchó a su casa abandonando la escena del... sí, iba a decir, la escena del crimen.

 

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena

 

En lo que dura un parpadeo (Carolina Coto de Salas)

 

En diciembre de 2006 mi familia y yo tuvimos un grave accidente, en el que mi marido y nuestro hijo fallecieron. Minutos antes de que ocurriese, había leído en un panel de la carretera el número de muertos en accidentes de tráfico durante el mismo puente el año anterior. Recuerdo haberlo comentado, pero en ningún momento lo viví como un problema propio, aunque, de hecho, es un problema que nos afecta a todos.

Es difícil expresar los sentimientos, los pensamientos, las sensaciones que aparecen cuando vives un accidente de tráfico, porque es una experiencia por la que nunca has pasado, no sabes nombrar las sensaciones porque sencillamente nunca antes las habías vivido. No entiendes mucho de lo que pasa porque tu mente no está preparada para recibir esa información.

Es después, con mucho trabajo personal y ayuda cuando, con suerte, consigues elaborar la secuencia cronológica, poner en orden los recuerdos, unirlos a las sensaciones, y crear una historia. La historia de lo que ocurrió y cómo te hizo sentir.

"Contrario a lo que se siente habitualmente al volante, los accidentes de tráfico son muy rápidos. Todo trascurre de forma brusca y repentina, muchas veces con ningún tiempo posible para reaccionar. Es curiosa la sensación que comparten muchos conductores en cuanto a su capacidad para darse cuenta antes de que ocurra, una especie de confianza ciega en su propia intuición, que por supuesto no es real porque muchas veces no existe ninguna señal previa, no se siente en el ambiente ni se intuye. Ocurre.

Yo iba conduciendo, parpadeé y desperté en una ambulancia. No hay nada en medio. Abrir los ojos y estar en otro sitio, un sitio que no es bueno, en el que no deseas estar y separada de ellos… Ahora sé que la diferencia entre estar vivo o muerto es un parpadeo, un instante, no se ve venir, es un segundo que rompe tu vida.

En mi caso perdí el conocimiento a causa del impacto, y al despertar no entendía absolutamente nada. No sólo despiertas del estado de inconsciencia, sino que despiertas a un mundo nuevo, con otras reglas y otros personajes, desprovista de normas, pautas o señales que te digan cómo sentirte o cómo actuar.

Varias personas con las que he tenido oportunidad de hablar y yo misma, coincidimos en una primera sensación de irrealidad. Se suceden varios pensamientos muy rápidos, pero ninguno parece relacionado contigo, ni con algo posible en tu vida. No tiene significado. Y entonces, aparece una fuerte necesidad de negarlo, tanto que incluso lesionada intentas comportarte con normalidad, como si no fueses tú la persona afectada.

Lo primero que hice fue preguntar que había pasado, y me dijeron que había tenido un accidente. -No, no es verdad, ¿cómo voy a tener un accidente y no darme cuenta?-… Pensé que quizá estaba soñando y quise despertarme…

Intenté incorporarme porque mi hijo me necesitaba, pero mi cuerpo no respondía, tenía frío y no podía moverme, levanté ligeramente la cabeza y me vi llena de sangre. Fue ese el momento en el que me di cuenta de que no era un sueño, que algo había pasado.

Tras este primer instante empieza una verdadera travesía para la persona. Es como un puzzle que tienes que hacer, mientras te suben y bajan, medican, inmovilizan, etc.. Necesitas información -las piezas del puzzle- no porque estés preparada para unirlas sino porque necesitas algún asidero, algo que te ayude a entender.

Y en este punto quiero hacer hincapié porque considero que la labor del personal sanitario es fundamental. Es verdad que ante una situación de peligro para la vida de una persona, la prioridad debe ser precisamente esa, el tratamiento sanitario y médico, cuidar el cuerpo, pero es importante no olvidar a la persona que hay dentro de él.

Carezco de información suficiente sobre el funcionamiento del personal sanitario y de seguridad ante una situación de emergencia, como para valorarlo, pero lo cierto es que en mi caso, se sucedieron algunos hechos que no me ayudaron, todo lo contrario, me perjudicaron y aún hoy me duelen.

Lo que me motiva a escribir sobre aquello, es la confianza de que mi testimonio pueda ayudar, aunque sea un poco, o aportar "pistas" a los y las profesionales que en general, trabajan en situaciones de emergencias. Seguramente son cosas que muchos ya han tenido la oportunidad de aprender en su desempeño profesional, o que han leído o escuchado, pero aún así siento la responsabilidad de intentarlo.

En primer lugar, el personal que te atiende en un accidente de tráfico (sanitarios, policías, bomberos, etc.) tiene mucha más información de la que tiene la persona accidentada, no sólo datos importantes, sino cosas que en principio pueden parecer pequeñas, pero que ayudan a orientarse: la hora que es, dónde estás, dónde vas, qué ha pasado, etc. Y no me refiero a la comunicación de una mala noticia, como pueden ser los fallecimientos, las lesiones graves, etc. sino a cosas leves, que ayudarían a recolocarte en ese nuevo mundo.

La desorientación es grande, pero lo más grave es que la persona accidentada sigue funcionando con las mismas pautas y esquemas de pensamiento, aunque en esta nueva situación están desajustados. Eso no significa que dejes de pensar, o que dejes de tener sentido común, sino todo lo contrario, recibes la poca información que te llega y le das vueltas, la gastas de tanto pensarla, intentas encontrarle su significado, más allá de las palabras.

Esto es importante porque las palabras que pudieran tener un ánimo de tranquilizar a la persona, pueden no hacerlo, especialmente cuando los mensajes que te envían unos y otros son contradictorios entre sí. El hecho de que los y las profesionales se pongan de acuerdo en qué decir y cómo es muy importante a la hora de comunicarse en una situación así. Es comprensible que en ocasiones no haya tiempo, pero el efecto que produce en la persona atendida puede ser devastador.

Las horas siguientes al accidente recibí muchos y muy diferentes mensajes sobre el estado de mi familia. Unos me dijeron que igual que nosotros nos estamos ocupando de ti, otros se están ocupando de ellos, otros, que en el hospital en el que yo estaba no había suficiente sitio para los tres. La Guardia Civil me preguntó como si no supiesen nada del accidente, en ningún momento me dijeron que había otro coche implicado que nos sacó de la carretera, e incluso llegaron a decir que en el lugar del accidente no había ninguna otra persona y menos un bebé. Todas estas contradicciones lejos de tranquilizar, crean una enorme sensación de inseguridad y de miedo, imaginas lo peor, pero al no tener pruebas, lo niegas, y vuelta a empezar de la forma más angustiosa y temible.

Supliqué información durante horas. Pero nadie me la dio, así que sabía que la situación era muy grave. Cuando pensaba que habían muerto, me decía a mi misma: no seas dramática, seguro que no, pero estarán graves o a lo mejor como yo y de nuevo volvía a suplicar que me llevaran con Jorge que necesitaba la voz de su madre, que estaría asustado. Cada vez me esquivaban más y yo cada vez tenía que hacer más esfuerzo para convencerme de que no podían haber muerto los dos.

En el hospital, me dejaron sola la mayor parte del tiempo. Notaba cómo me esquivaban y sólo hacían acto de presencia para inyectarme más sedantes y analgésicos, y yo, mientras, intercalaba los periodos de inconsciencia, con el miedo y la soledad, en las cerca de 7 horas más largas de mi vida.

Soy consciente de la dificultad de comunicarle a alguien que su familia ha muerto, más cuando el resto de su familia se está trasladando al lugar pero aún está sola, pero mentir no ayuda, contradecirse, ocultar, esquivar, e incluso zafarse de las preguntas más directas, tampoco.

Más de un año después sigo pudiendo recuperar las sensaciones y pensamientos de ese primer día, de las personas que me atendieron (y salvaron), los olores, la sensación en la boca del estómago. Se han gravado en mi memoria y duelen. No es digno tener a una persona así durante tantas horas.

Durante el mes que estuve ingresada en otro hospital, las personas que más me ayudaron, con las que mejor me sentí, fueron aquéllas que mostraron cariño, respeto y consideración a mi situación, pero sin evitarme, sin actuar desde la lástima, sin miedo, sin infantilizar la relación y sin juzgar cómo debía comportarme o sentir. En definitiva, creo que fueron aquellas personas que manteniendo su profesionalidad técnica, consiguieron tratarme con un cierto sentido de justicia y de solidaridad. Gracias a todos/as ellos/as.

Una última nota para cerrar con algo que escribí hace ya algunos meses.

Ahora echando la vista atrás, no sé cuál fue exactamente el momento en el que supe que mi vida ya no volvería a ser igual, porque se intuye pronto, se sabe algo después y se siente tan despacio que casi 5 meses después aún no consigo "darme cuenta del todo". Creo que desde que abrí los ojos y me vi en otro lugar, o desde que vi la sangre, en cualquier caso ocurrieron casi a la vez, ahí se intuye. Y esa intuición se va confirmando conforme pasan las horas, pero te niegas a considerarlo. Luego te lo dicen (en mi caso mi familia), y ya lo sabes, la información ha entrado en tu cerebro, sientes dolor, rabia, quieres negarlo pero aún crees que de algún modo volverás hacia atrás. Solo despacito, día a día vas dimensionando la situación, y sintiendo, interiorizando el significado de nunca.

 

Comentarios

# Madres sin hijos ha opinado el miércoles, 17 de septiembre de 2008 11:15
"En lo que dura un parpadeo". La falta de ayuda psicológica en los accidentes de tráfico

Carolina es una madre sin hijos muy joven. Demasiado joven. Además, es viuda y víctima que ha sobrevivido

# Jose maria sanchez azuar ha opinado el miércoles, 17 de septiembre de 2008 15:59
re: "En lo que dura un parpadeo". La falta de ayuda psicológica en los accidentes de tráfico

Este relato, nose por que me ha recordado ala muerte de nu abuelo. Yo era muy chiquitito, tendria 7 o 8 años. De pronto me encuentro un dia de colegio durmiendo en casa de mis tios ( Mi abuelo era por parte de madre y me encontraba durmiendo en casa de mis tios paternos) que tampoco me dicen por que estoy alli ese dia.Ala mañana siguientes me desperte en mi casa de nuevo, mis padres ( todavia juntos) se habrian pasado por casa de mis tios para recogerme. En aquel momento no sabia lo que pasaba y por lo tanto ni le di importancia,  pero con el paso del tiempo empecé a ver que mi madre cada vez que se levantaba de la cama, se pasaba un ratito reflexionando, sin llorar por que estaba yo delante, que dificil tienen que ser eso. Alos 2 dias me contaron que mi abuelo se habia muerto, me lo contaron asi, pero con tacto, mis padres nunca me han mentido, es uan cosa que les agradedco enormemente. Hasta ese momento no sabia que era eso de " morirse " pero en ese momento empecé a darme cuenta de lo que ello supone. Mi madre tardó un poquito en asumirlo y en volver a la misma de siempre. Ahora con unos poquitos años mas y despuer de leer este blog, me doi cuenta lo que es que una persona querida se muera. Nadie de mi familia necesito ayuda psicológica, ya se esperaba lo de mi abuelo, era ciclo de vida.

Una cosa que nunca olvidaré fue que mis padres despues de venir dl cementerio, fueron a por mi a casa de mis titos. Que buenos padres tengo.

La mujer de mi abuelo, osea mi abuela sigue viva gracias a mi y gracias a " alguien" que lo hizo posible. Era junio y salí del colegio, despues de una caminata de 15 minutos para coger el bus, empiezo a llegar a la puerta de casa de mi abuela, me empezaron a entrar unas ganas locas de ir al servicio, total que pegue al portero y note que taradaba en abrir, no le di importancia por su edad, cuando me abrio arriba la encontre muy palida y muy cansada. Llamé a mi madre para decirselo y me dijo que inmediatamente llamase al 061, asi lo hice, y en 5 minutos, que parecieron 5 horas, estuvieron alli, al poco tiempod e ingresarla me dicen que de no ser por mi, se hubiese muerto, tampoco me creo un heroe ni nada por que cualquiera lo hubiese hecho.

Bueno ya me voi que tengo que estudiar un poquito, un Beso y un abrazo.

# Laura ha opinado el miércoles, 17 de septiembre de 2008 21:20
re: "En lo que dura un parpadeo". La falta de ayuda psicológica en los accidentes de tráfico

¿De veras no existe un psicólogo público para atender a los familiares de víctimas de tráfico? Me extraña bastante (aunque sé que los psicólogos públicos ven a sus pacientes con mucha menos frecuencia que los privados). Probablemente, si existe una ley estatal que lo regule, su aplicación sea responsabildad de los gobiernos autonómicos, por lo que en cualquier caso sería interesante presionar tanto al gobierno como a la Comunidad de Madrid (muchos conocemos lo ocurrido con la aplicación de la ley de dependencia, por ejemplo)

# Flor Zapata Ruiz ha opinado el jueves, 18 de septiembre de 2008 8:58
re: "En lo que dura un parpadeo". La falta de ayuda psicológica en los accidentes de tráfico

Hace 3 años, Laura, no existía nada de nada.

Ahora, muchos ayuntamientos tienen esta ayuda, pero otros muchos, no.

Las asociaciones de víctimas siguen luchando para que esta ayuda sea efectiva y exista un protocolo de actuación en los casos de accidentes de tráfico.

Flor, madre de Helena.

# Luisa ha opinado el viernes, 19 de septiembre de 2008 16:57
re: "En lo que dura un parpadeo". La falta de ayuda psicológica en los accidentes de tráfico

Recuerdo el teléfono sonando, la voz de mi hermano nerviosa, llorosa....Helena se ha matado. Le obligue´a repetirlo: el jueves estuvo en mi casa despidiéndose. No lo creía. Mi hijo mayor llorando encima de su cama, lloraba y no paraba de repetir No, no, mi prima no....lo mato lo mato (tenía solo 11 años y quería mucho a su prima)....En lo que dura un parpadeo hubo que asumir que Helena ya no estaba: yo sigo pensando que Helena sigue en Holanda y que pese a lo que le prometí aquel día no podré invitarla a ella y a Alvaro a comer carne en la raclette...Sus zapatos nuevos ¡que bonitos! siempre los veo y luego los ví en las imagenes de su accidente. Aún no puedo ni ir al cementerio porque, para mi, Helena sigue en Holanda. Y mis hijos, cuando me ven llorar, me abrazan porque saben que pienso en mi niña.

# Flor Zapata Ruiz ha opinado el viernes, 19 de septiembre de 2008 19:54
re: "En lo que dura un parpadeo". La falta de ayuda psicológica en los accidentes de tráfico

Querida tía de Helena:

Es imposible de asumir. Nunca lo asumiremos. Ninguno de los que la queríamos. Solamente llegaremos a vivir sin ella, pero el hecho no es asumible, nunca nos acostumbraremos.

Sí, eso decíamos, "se ha matado". Eso es lo que siempre parece que pasa en un accidente. Enseguida supimos que no se había matado, sino que la habían matado.

Querida Luisa...

Su tía Luisa. Canguro en algunos fines de semana, cuando nosotros sus padres hacíamos escapadas de enamorados. La encargada de llevarla a "Cortilandia", cada año. Su guía en las primeras visitas culturales a los museos.

Algo que a Helena le hubiera gustado hacer con sus primos pequeños. ¡Lástima!

# meneame.net ha opinado el sábado, 18 de octubre de 2008 18:57
"En lo que dura un parpadeo". La falta de ayuda psicológica en los accidentes de tráfico

Carolina es una madre sin hijos muy joven. Demasiado joven. Además, es viuda y víctima que ha sobrevivido a un mal llamado accidente de coche. Pero también es psicóloga y la autora del artículo “En lo que dura un parpadeo”, publicado en la Revista de

# Flor Zapata Ruiz ha opinado el domingo, 19 de octubre de 2008 10:35
re: "En lo que dura un parpadeo". La falta de ayuda psicológica en los accidentes de tráfico

Gracias, Sandra, (Sanchesky) por llevar este comentario hasta meneame.net

Siento que tú también hayas tenido que pasar por una situación parecida y entiendo mucho de ese dolor en la boca del estomago.

Flor, madre de Helena.

# Madres sin hijos ha opinado el lunes, 08 de diciembre de 2008 23:24
Carolina, dos años sin su bebé y su marido

Se acaban de cumplir dos años de la pérdida del bebe y el marido de mi amiga Carolina. Hace dos años

# Inventarse la vida « ??Quiero Conducir, Quiero Vivir! ha opinado el miércoles, 26 de agosto de 2009 12:41
Inventarse la vida « ??Quiero Conducir, Quiero Vivir!
# ¡Quiero Conducir, Quiero Vivir! ha opinado el lunes, 15 de febrero de 2010 10:28
Accidentes de carretera fin de semana 14 de febrero 2010

Ayer domingo, día de San Valentín , las muertes en carretera han sido tan numerosas que

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