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Artículos - marzo 2009

Esta es la historia de una lucha y una decepción por encontrar justicia en un caso más de los mal llamados accidentes.

 

He conocido, por boca de las propias víctimas, cómo una condena impuesta por un Juez, Instituciones Penitenciarias con su actuación, ha dejado prácticamente anulada.

 

Maxi e Isabel son dos compañeras de dolor que han perdido a 4 de sus familiares en el mismo siniestro. Después de mucha lucha, consiguieron demostrar que la acción del culpable de estas muertes no había cometido un accidente, sino 5 homicidios imprudentes:

 

..."QUE DEBO CONDENAR Y CONDENO a M.N.O. como autor penalmente responsable, sin la concurrencia de circunstancias modificativas de la responsabilidad criminal, de CINCO DELITOS DE HOMICIDIO IMPRUDENTE previstos y penados en el artículo 142.1 y 2 del CP en concurso ideal del artículo 77 del mismo Texto Legal, a la pena de CUATROS AÑOS DE PRISIÓN con la accesoria legal de inhabilitación especial para el ejercicio del derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de la condena, así como a la pena de SEIS AÑOS de privación del derecho a conducir vehículos a motor y ciclomotores, todo ello con expresa imposción de las costas que se hubieren devengado en la presente causa." ...

 En su momento esta sentencia fue definida como una sentencia ejemplar.

El culpable hizo una petición de indulto, petición denegada por el Consejo de Ministros. Con todo ello, su entrada en la cárcel de Badajoz, se demoró hasta Octubre de 2008.

 

Pasados 4 meses en la cárcel, Instituciones penitenciarias ha decidido aplicarle el tercer grado y mandarle a su casa con una pulsera.

 

Cuatro años de sentencia se han convertido así, en 4 meses.

 

Ha sido un hecho completamente legal. Al amparo de la Ley. Con todas las autorizaciones. Sin posibilidad de recurrir por parte de los familiares. Pero, entonces, ¿de qué sirve una sentencia de 4 años? ¿Para qué pasar por el acto de un juicio, con lo que supone de más dolor para las víctimas? ¿En qué se queda el aumento de penas para temas de Seguridad Vial tan difundido últimamente? ¿De qué sirve todo el trabajo realizado para demostrar que una acción es condenable y punible? ¿Es quizás una liberación por falta de espacio en las cárceles?

 

Lo que está claro es que a los 4 meses una persona no puede demostrar que está rehabilitada. Puede mostrar todos los signos necesarios para aparentarlo o tratar de producir sentimiento de piedad hacia él, pero entonces ¿Dónde queda el castigo?

 

Se sigue pensando, incluso por las instituciones más implicadas en el tema, que las muertes por accidentes tienen más beneplácito que otras, quizás porque todos estamos en la carretera, pero es un error.

 

Los accidentes no existen, son evitables y todos deberíamos ser responsables y concienciarnos de que un coche es un arma mortal, si su uso se hace de forma irresponsable.

 

La mayoría de muertes en carretera son debidas a la violencia vial. Violencia ejercida sobre las víctimas a través de: velocidad excesiva o inadecuada; toma de alcohol u otras drogas; conducir con cansancio físico o con actitudes físicas que impidan una conducción responsable; falta de respeto a las normas de tráfico y a la vida de los demás; conducir con vehículos que pongan en peligro la vida de otros usuarios de la vía; carreteras en mal estado y con persistencia de puntos negros...

 

Y, mientras que esta violencia no se castigue, no esté en el mismo baremo que otras violencias, las víctimas de los mal llamados accidentes, nunca recibirán y sentirán, la misma compensación y sensación de justicia que pueda existir para otros casos de violencia. Para otros muertos.

 

Pero nuestros muertos están tan muertos, como otros, y, además, no se han muerto, los han matado.

 

 

 

Muertos en Siniestros de tráfico en 2007: 3.823

Muertos en Siniestros de tráfico en 2008: Unos 2.300 ( No hay todavía cifra oficial de la DGT

Muertos en Siniestros de tráfico hasta Febrero de  2009: Más de 300

 

Accidente: Lo que puede aparecer o desaparecer, sin destrucción del sujeto. (

Definición de El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española)

 

Flor  Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por el alcohol que otro tomó

 

# jueves, 26 de marzo de 2009 8:52

El alcohol y los bebedores pasivos

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El 25 de Septiembre de 2006, el diario vasco publicaba en su sección de cartas, mi carta titulada "El bebedor pasivo". Ésta era una reflexión más, respuesta a un artículo de Manuel Alcántara titulada "Urge proteger a los bebedores pasivos".  Él, junto con el filósofo Jose Antonio Marina, han sido dos personas que han tratado de que este termino fuera aceptado, en clara referencia al fumador pasivo y a las muertes que produce el alcohol a otras personas que no lo beben.

Claro ejemplo, la muerte de mi hija.

 Unas 35.000 personas han sido condenadas por conducir con alcohol desde la reforma del código penal. Y los que han bajado su consumo a la hora de conducir, no lo hacen por ser conscientes del peligro que corren ellos mismos u otros, sino por la pérdida de puntos.

Aunque han pasado casi 3 años, creo que es un tema de plena vigencia, si tenemos en cuenta que el tema del alcohol en los jóvenes sigue siendo un problema no resuelto, en cuanto a su consumo, abuso y facilidad de obtención.

Pues nada, seguiremos siendo un país de bebedores. Algunos, bebedores pasivos.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por el alcohol que ella no tomó

 

# lunes, 23 de marzo de 2009 7:30

Verdugos al volante

Comenzamos la semana haciendo recuento de nuestros muertos. Los que no llegaron a disfrutar del puente o no volvieron del puente. En esta ocasión, 23 muertos. No he leído en esta ocasión la consabida frase de "tantos menos que en la misma fecha del año pasado". Mal síntoma.

Y, como siempre, me duele especialmente, los jóvenes que se han quedado en el camino, como muchos fines de semana, de regreso a su casa después de una noche de diversión. En esta ocasión, uno con 17 años, el sábado en Arzúa y 4 el domingo, con edades comprendidas entre 25 y 30 años en Toques, ambos en Galicia.

El subtitular referido a la información sobre el más grave, por el número de víctimas que no por la pérdida que en ambos será irreparable para sus familiares, decía así: "Un responsable de tráfico llama verdugo al conductor del vehículo siniestrado". Supongo que esta declaración está sacada de contexto, pero, a pesar de que en muchos mal llamados accidentes éste debería ser el título que se diera al conductor que lo produce, en otros muchos, creo que somos muchos los verdugos y comenzaré a enumerar.

Yo misma comentaba una vez que no era bueno un coche baratito para comenzar a conducir y, la mayoría de los padres es en lo primero que piensan. En el accidente de Toques, este no ha sido el motivo. Parece ser que era un coche nuevo, de apenas unas semanas, un modelo BMW, deportivo y de gran cilindrada.

¿Cuándo se va a poner limitador de velocidad a los coches que conducen los jóvenes? ¿Es tan difícil para las grandes marcas automovilísticas que sus coches vengan de serie con este sistema?

Los jóvenes, salvo algunos, por mucho que les machaquemos los padres sobre precaución, son jóvenes llenos de energía, velocidad, hormonas. Son demasiado jóvenes.

No es la primera vez que escribo para expresar mi dolor sobre la muerte de jóvenes en las carreteras gallegas y, por desgracia, no será la última, y supongo que, mientras que no se realicen muchos cambios: mejora de carreteras asesinas; mayor educación, en general y en particular en educación vial; limitadores de velocidad en los coches que conducen los jóvenes; inclusión del alcolock en todos los coches; mejoras en el transporte público y promoción de éste para su utilización por los jóvenes, seguiremos perdiendo a nuestros jóvenes.

Los jóvenes no miran a sus amigos como verdugos, aunque muchos de ellos sufran por el comportamiento y la influencia  de alguno de ellos (influencia en todo tipo de drogas o actividades de riesgo) Sólo los padres que pierdan a sus hijos, llegaran a verlos así. Dejaran de ser amigos, porque sólo fueron amigos de sus hijos, amigos sólo hasta la muerte. Somos muchos los que nos convertimos en verdugos con nuestras acciones u omisiones.

Especialmente si no hacemos más para que esta velocidad que lleva a la muerte, comience a decrecer. Empezando por los padres que somos los que tenemos que poner los límites.

Sea por la causa que fuere, vuestro dolor es también el mío.

Tú te fuiste por siempre; mas mi alma
te espera aún con amorosa afán,
y vendrás o iré yo, bien de mi vida,
allí donde nos hemos de encontrar.

Algo ha quedado tuyo en mis entrañas
.............que no morirá jamás,
y que Dios, por que es justo y porque es bueno,
.............a desunir ya nunca volverá.

En el cielo, en la tierra, en lo insondable
.............yo te hallaré y me hallarás.
No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad.

-Mas... es verdad- ha partido,
.............para nunca más tornar.
Nada hay eterno para el hombre, huésped
de un día en este mundo terrenal,
en donde nace, vive y al fin muere,
cual todo nace, vive y muere acá...
 (Era apacible el día. Rosalía de Castro)

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por el alcohol que otro tomó

 

# jueves, 19 de marzo de 2009 8:14

Regalo del día del padre

Como diría mi marido, otro día más inventado por los grandes almacenes, pero, queramos o no, al final queda lo de “El día de…” Y, con regalo o sin regalo, te reúnes con la familia, comes con los hijos e incluso, recibes regalos.

Colonias, libros, la consabida corbata, un curso para conducir con seguridad o conducir el coche de su vida, el puente en un hotel…así, miles de cosas.

Pero no somos conscientes que hay un gran regalo que suple a todos los regalos del mundo: La vida de los seres queridos.

Este año, el día del padre viene ligado a un puente. Miles de coches se desplazarán por todas las carreteras y, una vez más, muchos no volverán a casa y el próximo día del padre no estarán, como Helena. ¡Con lo que le gustaba el día del padre!

Así recordaba Helena, en su agenda, el día del padre.

Las caritas que Helena pintaba cuando algo le gustaba

Por favor, volved este puente. NO os quedéis en esas carreteras. Celebrad el próximo día del padre. Como padres o como hijos.

Felicidades a todos los padres. También a los padres sin hijos.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por el alcohol que otro tomó

Recuerdo cuando viajaba con mi padre en su moto, lo agradable que eran esos paseos por unas carreteras llenas de árboles, por donde en verano, era posible pasar sin recibir el duro sol.

Pero, poco a poco, según me iba haciendo mayor, los árboles comenzaban a desaparecer de las carreteras. Recuerdo en una ocasión, que la tala fue tan drástica y tan rápida que cuando volví a pasar por ese lugar, le pregunté: ¿Qué ha pasado papá? ¿Qué han hecho? ¡ Con lo bonito que era este camino! Aún no me planteaba motivos ecológicos, pues eran árboles, probablemente milenarios; tampoco tenía idea de peligro o seguridad; yo sólo era una niña y me gustaban los árboles.

Mi padre me contestó: dicen que los quitan por seguridad: Por que son un peligro si los que conducimos nos salimos de la carretera y vamos a chocar contra ellos. A mí me parecía que era imposible que alguien, en su sano juicio, fuese a salirse de la carretera y chocar contra aquellos árboles. Y desde entonces, aquellos recorridos se fueron despoblando de árboles y ya no eran tan bonitos.

Este fin de semana, recordaba este episodio, cuando veía esta foto:

 

Estado en el que quedó el automóvil tras recibir el impacto del quitamiedos. / iñaki osorio 

Este fin de semana, recordaba, también, el optimismo de las cifras facilitadas por los organismos oficiales: "La cifras más bajas de muertes en carretera desde el año 1965. El número de muerto en febrero es de 135".  

Este fin de semana, 18 muertos en 12 mal llamados accidentes.

También recordaba mi cuento de Navidad, de este año "Te estás durmiendo", cuando me enteraba que, probablemente, esta fue la causa de uno de ellos, en Castellví de Rosanes, y  que ha producido 5 muertos.

Este fin de semana ha sido uno de los más sangrientos. Y no por el número de víctimas, que habrá habido otros con más, sino porque en cada mal llamado accidente, las víctimas, eran muchas.

Los árboles se han multiplicado en nuestras carreteras. Pero, ahora, tienen formas diversas y no producen oxigeno ni bienestar con su observación. Ahora, los árboles son de hormigón, de acero, cuchillos... Los árboles que han plantado los hombres, dicen, que para salvar vidas, para quitar miedos... ¿Quita qué?

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

 

 

Hoy leía que los cursos para recuperar los puntos perdidos en la carretera son todo un éxito. Que el número de conductores que asisten a ellos se cuadriplica. Y hace algunos días, en una emisión de radio escuchaba a algunos de estos alumnos, que no son ejemplares, sino todo lo contrario, porque han llegado hasta aquí por algo que hicieron mal, y me ponía muy triste.

 

Ninguno de ellos, mostraba un ápice de arrepentimiento o un pesar, por la pérdida de estos puntos. Ninguno mostraba en su voz tristeza por haber llegado a esta situación y algunos habían llegado hasta ella por motivos que podrían haber producido un hecho grave. ¡Qué digo! Habían llegado hasta allí por  cometer un delito.

 

Reían, bromeaban, alguno se jactaba de haber perdido en un día todos los puntos. De entre estos que han perdido todos los puntos, en Enero de 2009 han ido a recuperar los puntos  641 personas.

 

Mientras, yo me entristecía, ¿cómo no? Pensando en mi amada hija! Y me hacía las siguientes pregunta: ¿Realmente este curso les servía para algo más que recuperar los puntos? ¿Cuánto tardarían en volver a perderlos? ¿Serían conscientes de que podrían haber perdido algo más que puntos?

 

Esto me hizo pensar en poner un anuncio: "Madre sin hijos, se ofrece para cursos de recuperación de puntos, para enseñar cómo no perder la vida".

 

¡Cuánto me gustaría que me invitaran a uno de estos cursos! Tendría tanto que contar.

 

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por el alcohol que otro tomó

# lunes, 02 de marzo de 2009 20:00

Los Años Perdidos

El pasado día 25, en el diario ADN, Ángela Becerra en su columna de opinión escribía un artículo titulado “Los años perdidos” que me llamaba la atención y me gustaba enormemente.

Me gustaba porque al igual que yo, pero con infinita mejor escritura, utilizaba los coches, la movilidad, el transporte, para hacer un símil sobre la vida, el paso del tiempo, los errores cometidos. “En el viaje del vivir, no todos los que van, llegan…” Esta frase me recuerda el objetivo de este blog.

Sólo le pondría una pega. El tiempo perdido, los años perdidos, en mi opinión y después de mi experiencia, es una pérdida no cuando se refiere a las equivocaciones que comentemos, que de todas ellas podemos aprender. Para mí, el verdadero tiempo perdido es aquél que utilizamos, gastamos, perdemos, en rencillas, discusiones, rencores… olvidándonos de las personas, dejando de dar besos, abrazos… Porque los besos y abrazos que no se dan, se pierden.

Os dejo aquí el original escrito  de Ángela Becerrra:

Los años perdidos

Vivimos avanzando por el tiempo, esta línea continua de la que ignoramos su origen y, como infinita que es, no podemos imaginar su final. El motor es nuestro cerebro, la carrocería es nuestra salud, el contador de kilómetros es nuestra edad. La ruta, unos se la organizan como quieren; otros, como pueden o les dejan.

Algunos deciden hacer su camino con un lento utilitario de mínimo con sumo. Se alejan de las autopistas porque ni tienen prisas ni están dispuestos a pagar peajes. Prefieren los caminos que se envuelven de paisajes donde el pájaro derrota la estela del jet y el silencio ahoga el decibelio.

Otros desean más rapidez, se suben a una moto, invitan a alguien y acaban haciendo el amor y con un sidecar cargado de hijos.

Pasamos muchas horas subidos al autocar de una empresa, viajando con un montón de desconocidos entre los que alguno, con suerte, acaba siendo auténtico amigo.

Subimos a una interminable caravana de autobuses llamada país y demasiadas veces nos encontramos en medio de un inmenso atasco organizado por sus conductores políticos.

En el viaje del vivir, no todos los que van, llegan. Unos cogen caminos equivocados, estudios sin arranque, amores sin destino. Son los tiempos perdidos que jamás volverán.

Saber hacia dónde se va, y cuando nos equivocamos corregir a tiempo, es la única forma de llegar. Por eso siempre hay que estar atentos al camino: porque siempre estamos yendo.

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