Los días en los que los showrooms reciben a la prensa siempre me han parecido bastante desconcertantes. Una chica, un poco confundida por culpa del moet chandon del catering, y con un discurso bastante limitado, te va paseando por pasillos llenos de ropa colgada en perchas, diciéndote lo maravilloso que es todo. Pero lo cierto es que para un nuevo Balenciaga hay cientos de alemanes o portugueses que quieren expresar la náusea de Sartre en prendas que pretenden vender caras. El resto son Djs, marujitas y niñas de papá que les ha dado por diseñar ropa para que se la pongan sus amigos.
Menos mal que esta temporada me ha llevado de show rooms Pepe el estilista. Pepe es de Barcelona, va en chándal y tiene un diente de oro. En los show rooms Pepe baila, se come todos los pastelitos de la bandeja y suelta sapos y culebras por la boca. Llama "maricón" -en español- a uno de los del showroom, dice que un pantalón con tirantes le recuerda a pinocho, o que una chaqueta es para gente con joroba. Un genio. Pepe me tiene que llevar a los showrooms a partir de ahora.
Cuando termina la pantomima y te vas a ir del showroom siempre te dan una "goody bag" o regalito. En parte para agradecerte que pierdas tu tiempo y en parte para presionarte, comprarte y hacer que publiques artículos sobre sus marcas. Esta temporada, el mejor, una pulsera de cadena (MUY TENDENCIA) y lo peor un llavero de una diseñadora italiana que está hecho con materiales semipreciosos y una supernena de plástico. Debe ser caro, pero parece una de esos regalos que están en bolas transparentes y sacas metiendo un euro en la máquina.
Si alguien es fans de las supernenas, que me lo diga. Le enviaré el superllavero.