Invoco a la peligrosa Mia Wallace para demostrar que las camisas blancas no son aburridas.
Además se adaptan perfectamente a cada estilo: sofisticado, moderno, formal o casual. Me gusta ponerme una camisa blanca cuando busco pulcritud sin tener que arreglarme mucho, y cuando quiero simplicidad (lei en algún sitio que son aconsejables para entrevistas de trabajo pero no me acuerdo de la fuente así que no me hagáis mucho caso).
Las camisas largas con leggings como los de la foto vienen pegando fuerte para este otoño. Remangadas hasta el codo y muy desabotonadas, con vaqueros y havaianas transmiten un look relajado. Medio abiertas y con una camiseta negra debajo denota casual minimalista. Y largas y ligeras, de muselina, son una alternativa más urbana al kaftan para la playa o la piscina. Además una camisa de chico bien llevada puede ser muy sexy.




Estas fotos de Facehunter, The Sartorialist y de la colección de esta temporada de Stella McCartney nos dan una idea de lo versátiles que pueden ser.
Normalmente cuanto más inmaculadas, mejor, pero la diseñadora Margaret Howell, que suele incluir camisas en sus colecciones dice que a ella le gustan ligeramente arrugadas, si el tejido es suficientemente bueno.
Aunque parezca mentira son difíciles de encontrar, como suele pasar con la mayoría de los básicos. Esta temporada en Gap hay unas muy chulas que tienen una tira y un botón en la manga para remangarlas mejor. Pero no las veo en tantos sitios ¿Dónde habéis encontrado vuestras camisas preferidas?