
Eso fue ayer el adelanto de la colección de
Kate Moss para Top Shop. Niñas histéricas, fotógrafos desesperados, guardias de seguridad bordes, turistas perdidos... Prometieron que Kate saldría al escaparate en Oxford Street para posar como un maniquí. Y salió pero unos 20 segundos. El público chilló, ella posó languidamente (eso si guapísima, mucho más rubia de lo que aparece en las fotos y con un fabuloso vestido rojo hasta los pies) y desapareció en un abrir y cerrar de ojos. Esta foto aparecía hoy en todos los medios, debe ser del mismo afortunado fotógrafo que consiguió atraparla.
El caso es que la espera estaba muy organizada. Los ingleses son los reyes de las colas. Se dividía en zonas alrededor de la tienda. Cada zona tenía una pulsera y cada color de pulsera era un turno. En tu correspondiente turno, de veinte minutos, sólo se podían comprar 5 prendas. No tengo ni que decir que la fila daba la vuelta a la manzana. En Top Shop por lo visto fueron muy amables y repartieron agua y comida entre los que hacían la cola. Ya podrían serlo con toda la expectación que consiguieron crear. Después de echarle un vistazo a la tremenda cola y de presenciar la esperada apertura de puertas fui a curiosear y a preguntar a las chicas sobre lo que habían comprado.
Unas decían que Phillip Green, el dueño del imperio Arcadia al que pertenece Top Shop, estaba allí como un dependiente más ayudando a encontrar tallas, también había famosillos y familia de Green bebiendo champán y disfrutando del espectáculo de ver cómo la gente agarraba trapos ansiosamente como si estuviesen en época de racionamiento. En general fue delirante también dentro, pero ¿y para llevarse qué? El vestido de las amapolas que había visto en el look book no estaba por ninguna parte. Sólo salían minivestidos brillantes un poco "azúcar moreno" y los tops y babydolls de flores verdes y rosas que sinceramente era feísimo y de una calidad espantosa. ¿Para eso una espera de ocho horas?
Todas las chicas a las que pregunté pensaban quedarse las prendas y no venderlas en ebay, (hoy ya había prendas a la venta triplicando su precio original) y muchas decían que habían esperado tanto hoy porque Kate era su icono y les encantaba cómo llevaba la ropa. EXACTAMENTE. No es la ropa en sí, es cómo la lleva. ¡No se consigue el estilo de Kate sólo por hacerse con una prenda de su colección!
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La chica de la izquierda también había esperado desde las 5 de la mañana para comprar esta bolsa aparentemente ecológica del supermercado Sainsbury´s (I´m not a plastic bag) firmada por la diseñadora Anya Hindmark, que intenta prevenir el gasto innecesario de bolsas de plástico. Y estas dos niñas tenían trece años, habían salido del colegio, se habían cambiado, y hala, a gastarse la paga en el Topshop. Su paga en cuestión debe ser bastante suculenta, porque ¡una de ellas tiene un Chanel 2.55! Las otras van con el mismo vestido de ASOS, que posiblemente era uno de los que estaban inspirados en otro que había llevado Kate.
También había gente normal:


Las sandalias de cuero de la chica de la izquiera eran maravillosas, el fallo es que se las había comprado en Filipinas...
En fin, fue digno de ver. Histeria colectiva en estado puro. Parece que es tendencia esta especie de furia compradora absurda para hacerse con unos productos que en realidad no son ni ganga, ni exclusivos. Bueno, por lo menos son carne de ebay..
Una confirmación de que Kate Moss es el icnono de estilo de nuestro tiempo, de que Top Shop ha hecho como nadie una perfecta estrategia de márketing y de que HM deben estar contentos con la elección de Madonna para hacer una colección. Y también la confirmación de estamos perdiendo un poco la cabeza.