
(Disculpas de nuevo por poner
OTRA FOTO MÁS DE KATE)
Después de esta edición del festival de
Glastonbury entiendo perfectamente en qué consiste el estoicismo inglés. Lodo hasta la rodilla, lluvia incesante, tiendas de campaña embarradas y los británicos tan tranquilos. Llega a diluviar así en España y la mitad de la gente se va para casa el segundo día. A pesar del chaparrón y el agotamiento mereció la pena: buena música, sorpresas y detalles surrealistas como
Lost Vagueness, una zona que parodiaba Las Vegas, con hamburguesería vegetariana dentro de la pista de coches de choque, y una capilla donde se casaba gente, o un bar estilo Alicia en el País de las maravillas donde tenías que entrar a una habitación secreta por un pasadizo escondido. Pese a mis expectaciones, poco modelito, porque todo se resumía a parka impermeable, impermeable extra y botas de agua (alguna
Hunter y muchas no-Hunter). También mucha
Ray-Ban Wayfarer,
shorts en denim, labios
rojos y sudaderas de capucha estampadas. La moda más transgresora se vio sin duda en el escenario.
Kate volvió a aparecer en el escenario para balbucear algo en una de las canciones de Babyshambles el grupo de su limpísimo, sanísimo y cuerdísimo novio Pete Doherty.
Me gusta la capa de encaje negro que lleva, pero lo que me vino a la mente es que Kate que no es una artista, se viste de rockera, mientras que las artistas llevan cosas totalmente diferentes (también es verdad que hacen de todo menos rock).


Sólo hay que ver el particular estilo rockabilly soulero de Amy Winehouse, con el cardado, los oros y los tatuajes portuarios. O Lily Allen con vestido a juego con el color de labios, que mezcla parafernalia hip hop con dulces vestidos retro. O Bjork que salió con sus habituales ropajes avant-garde. O Lovefoxxx, de CSS, que parece la muñeca que tendría una niña marciana, ella es genial, ¡pero está claro que no se puede repetir eso en casa!