Hoy voy a pasar por alto los¨desfiles -que las fotos las podéis ver en Terra- y me voy a centrar en el petardeo ¡que nos gusta a todos! Para no subirme por las ramas en el post de hoy, voy a dar unos premios a varias categorías.
Un look: Minis con botines (de nuevo) y un vestido de cuero con un tocado negro. Como Gretchen de Harpers Bazaar.
El paraíso: la suite que pone a disposición de la prensa en Hotel Intercontinental de Londres. Champán, tratamientos de belleza, comida rica y Desayuno con Diamantes en perpetuo loop en la tv.
Una modelo: la bielorrusa Tanya Dziahikleva. Con una presencia poderosa sobre la pasarela. Cuando aparece ella, no te fijas en la ropa. Tiene 16 años, es un encanto, habla por los codos y no puedes más que enternecerte cuando te cuenta de que está encantada de trabajar porque puede ayudar a sus padres.
La anti-heroína: Luella. Vuelve a Londres. Por dejar fuera de su desfile a prensa internacional y a amigos personales. Me da que un hombre entrañable, de barba blanca en vaqueros y camiseta, no pide entrar en un desfile de moda por alternar con fashionistas. Era un amigo, y estaba decepcionado. Que no vaya tan de auténtica alardeando de vida sencilla en su casa de campo de Cornualles cuando se olvida de incluir en la lista a gente de la que se rodea.

De lo que huir como la peste esta temporada: los jodhpurs, o pantalones de montar. Ya se que tengo un poco de mala idea sacando esta foto por la espalda... pero si le hacen el culo deforme a una sueca guapa y esxbelta, malo, malo. Sólo quiero informar de que no favorecen a nadie.
Una cara: Yvan, el Facehunter. El cazador de caras cazado (os lo prometí) Si os lo encontráis por ahí, id a hablar con él. Tiene una teoría para todo y vacila como nadie.
El pedazo de personaje: la editora de moda rusa que lleva a su hija de diez años a todos los desfiles. Se las arreglan para sentarse siempre en la primera fila, no sonríen y sacan las gafas de sol idénticas para protegerse de los flashes.
La transformación. Cuando a las encantadoras maquilladoras de MACles da por recrear en las mundanas caras de las periodistas los looks que han fabricado en la pasarela. Yo me fui a casa con un maquillaje que hubiese dejado a Ziggy Stardust a la altura del betún. Nunca me han mirado más raro en un corto viaje de metro.
El dilema: ¿Me bebo esta copa de champán de desayuno o es demasiado decadente para una currita como yo?
La sospecha: En Londres es más interesante lo que el público lleva que lo ves sobre las pasarelas.