

Hemos tenido a las tops a secas (Cindy Crawford, Claudia Schiffer, Linda Evangelista...), a las brasileñas sensuales (Giselle, Fernanda Tavares, Flavia Oliveira), a las super-rusas (Natalia Vodianova, Eugenia Volodina) a las muñecas (Jessica Stam, Gemma Ward), a las andróginas (Erin O'Connor, Bimba), a las aristo-modelos (Stella Tennant, Jacquetta Wheeler), a las ojipláticas (Lily Cole, Marina Pérez, Masha Tylena) y a la legión de niñas pálidas del este de Europa con nombres impronunciables. Y ahora parece que se llevan las gatas. O al menos eso dice este artículo de The Times.
El artículo está escrito en un tono medio de broma, pero es cierto que varias de las modelos del momento como Coco Rocha, Irina Kulikova, la española Sheila Márquez y Siri Toller, (por orden) comparten físico sinuoso, nariz chata, ojos almendrados y labio superior más estrecho y definido.

Esto rompe con la teoría que le había escuchado a mi hermana que decía que todos los humanos nos podíamos dividir entre cara de perro y cara de pájaro (a los trolls no se les clasifica). Pero por favor añadamos la categoría felina: los gatos son elegantes, misteriosos y si les da la gana, dulces. Desde luego es más satisfactorio que te digan que te pareces a catwoman, que te comparen con un caniche. Para gustos los colores, porque tengo un amigo que dice que le dan repelús las mujeres con cara de gato como Michelle Pfeiffer, Kylie Minogue o Sophie Ellis-Bextor. No se qué pensaréis de estas reflexiones más propias de noche absurda que de lunes por la tarde. Yo pese a todo, me quedo con las gatas.