Vaya con esta cuesta de enero, que estamos casi en febrero y todavía colea. Y eso que no me porté del todo mal durante las Navidades. El caso es que cuando me puse a pensar sobre mi cuenta corriente, llegué a una satisfactoria conclusión: más veces de las que creemos, es una salvación estética no tener para gastar en trapos. Me explico:
Todavía me acuerdo, como mi primer novio, que tocaba en un grupo y se las daba de rockero discreto, me miró a los ojos y me dijo: "Menos mal que no tenía dinero a los 14 años, cuando mi mayor ilusión era comprarme una cazadora de cuero blanco" Pues sí, menos mal, porque sabe Dios por qué tortuosos caminos le hubiera llevado esa chupa del infierno. Cuántas "almas adolescentes descarriadas" se hubieran salvado si no sus padres no les hubieran dado paga para comprarse botas de puntera, colgantes de macarra, pendientones de oro o vestidos de nochevieja con tules.
Lo cierto es que el no tener dinero nos hace pensarnos dos veces lo que compramos y muchas veces nos puede salvar de arrebatos de inconsciencia. Y que nos hace valorar con más detenimiento la calidad de la prenda, cuántas temporadas aguantará y cómo podrá combinar con lo que ya tenemos. Con estas directrices raramente se cometen errores garrafales.
El dinero puede que ayude, para que lo vamos a negar, pero no compra el estilo. Si uno es elegante, lo es hasta arruinado. Mirad a Audrey que no pierde la elegancia ni en un tugurio existencialista. :)
Una de las personas con más estilo que he conocido en mi vida era una chica normal, con los trabajillos de estudiante que teníamos todos, pero en lugar de ir de tirada como íbamos todos los demás, vestía como una rica heredera. ¿Cómo lo hacía? Encontraba joyitas estilo art decó en una pila de chatarra, compraba ropa de segunda mano, se hacía tocados con pañuelos... y nunca llevaba como las llamaba ella "cagadas", es decir, chorradas. Básicamente tenía fuerza de voluntad y un gusto exquisito. Venía de Florencia, lo que ciertamente puede ayudar a saber de belleza.
Y al contrario. De qué le servirán los millones a Ana Obregón o Mariah Carey, -por poner dos ejemplos extremos-
Pues eso, pensamientos con los que nos consolamos los pobres...