

Mi colegio se podía dividir, simplificando, entre los que llevaban Barbour y los que no. Yo era de los que no.
Las chicas barbour se mantenían igual cada curso, con férrea solidez: coleta, pendientes de perlas, y la chaqueta Barbour que empezaban a ponerse en las noches de septiembre de la sierra madrileña, y no se quitaban hasta que se jugaba al mus o se tomaba el sol en el césped durante los recreos.
Las que no, nos enredábamos en malos cortes de pelo, tintes imposibles, feas camisetas de grupos, botas Doctor Martens, trapos de segunda mano y modas pasajeras. Un curso era todo pantalones caídos y Bad Religion y al otro eyeliner y The Velvet Underground. Los skaters que nos gustaban un verano no eran nadie al siguiente, cuando conocíamos a interesantes rebeldes con patillas.
Recuerdo ir vestida toda sesentera al Rastro a vender mis discos grunge, para comprarme otros de tres décadas atrás.
No nos aburríamos, eso está claro, y la esencia de la adolescencia es el cambio y la experimentación. ¿Quién quería vestir todo el rato igual? Pero aunque nos creyésemos auténticos éramos muy de palo, sin darnos cuenta que posiblemente los del barbour eran más auténticos que nosotros. Al fin y al cabo, eran un ejemplo de consistencia.
Por eso me sorprende que el tan estable Barbour haya entrado en el juego de las veleidades fashionistas. Alex Turner, de los Arctic Monkeys, Alexa Chung -su novia-, Lily Allen, Sienna Miller y hasta una de las Olsen han aparecido con chaquetas barbour en los últimos meses. Lo llevan en festivales con botas Hunter y micro shorts, encima de vestidos de cóctel como Lily Allen, con vestidos babydoll, medias tupidas o con pitillos, bolso de Miu Miu, plataformas y camisetas de rayas como Alexa Chung. No se si lo hacen como guiño irónico a las connotaciones tradicionales, de aristócratas británicos en su casa de campo, o que lo llevan porque les parece que está bien hecho, es práctico y qué demonios, te protege cuando llueve.
Se dice que Barbour está a punto de hacer un Burberry, es decir, despojarse de su imagen acartonada para entrar en el torbellino de la moda. Para empezar, ha lanzado un nuevo modelo, una gabardina de seda encerada ¿?. La firma desmiente estas especulaciones y dice algo así como que prefiere tener pájaro clásico en mano que cien y trendy, volando.
El modelo que lleva Alexa en las fotos es el clásico Beaufort, el favorito de la Reina de Inglaterra, que se puede encontrar dentro de la colección masculina de la marca (hasta hace unos 5 años, barbour no tenía colección femenina)
Si de adolescente, hubiera visto en estas fotos lo bien que le queda a Alexa, quizás me hubiera planteado dar una oportunidad al sempiterno Barbour.