Estoy en el metro, y frente a mí, veo una pasajera. Tiene una belleza andrógina, la piel de porcelana, lleva pestañas postizas un día de diario, por la tarde. Va vestida con una pajarita, un vestido delantal de patchwork de rayas y una chaqueta de esmoquin. A la vez responde a las tendencias -me recuerda a un alerquín que pudiera haber aparecido en la última campaña de Miu Miu- y parece sacada del túnel del tiempo. No desentonaría en un documental sobre los Swinging sixties en Londres, en Carnaby Street. Quiero sacarle una foto, para el blog, pero mecachis, no llevo encima la cámara. Cuando se baja en la parada de Bond Street, con su bolsa rosa de la tienda de Luella, la miro de refilón otra vez más para investigar lo que puedo sobre su atuendo.
Me hubiese gustado preguntarle más cosas sobre lo que llevaba, pero da la casualidad de que no tengo que hablar directamente con ella. Entro en The Sartorialist y allí está (foto de la izquierda). El lunes, compro el periódico The Guardian (primera foto abajo) y en la sección sobre moda de la gente de la calle, leo una entrevista con ella. Abro el periódico gratuito The London Paper y la vuelvo a ver (segunda foto inferior). Además, es protagonista de un post en el blog Style bubble.
De repente, se de todo sobre alguien que me llamó la atención en el metro. Se llama Fay Leshner, tiene 20 años, es estudiante de moda, es de Nueva York (lo que extrañamente, explica su debilidad por las marcas british). Llevaba chaqueta de Karl Lagerfeld, vestido hecho por ella misma, broches de Vivienne Westwood y Christian Dior- de su madre-, pajarita de su padre, bolso de Lulu Guiness, y una vez, borracha, compró un vestido de Issey Miyake ¡por unos 900 euros!.

Esto es lo que pasa en esta era mediática y digital. Que todos vemos lo mismo, respondemos ante lo mismo. Y además ¿es que nos hemos vuelto locos con el street style? Yo soy la primera que entro expectante en estas páginas, pero ¿no creeis que se están creando personajes destinados a ellas?
A ver si me explico: esta chica fue fotografiada 3 veces -mínimo- en un solo día. Sin contar los que como yo, si hubiesen llevado la cámara en el bolso le hubiesen hecho una foto. Cuando saqué fotos de las calles de Nueva York, la gente parecía super acostumbrada a posar, ni te preguntaban para lo que era. Creo que estamos llegando a un punto en el que hay gente que se viste para que le hagan fotos y seguro que se siente ninguneado si un día nadie lo hace. Es como esas personas, todos conocemos a alguna, que se cabrean si salen por la noche y no ligan.
En fin, no se qué os parece, pero si os interesa, podéis saber más sobre Fay y su estilo aquí.