Ayer caminaba por Mayfair, el barrio más british y distinguido de Londres, cuando me vi sobrecogida por un amalgama de luces chillonas. Tardé unos instantes en darme cuenta de que no se trataba de alguno de los vecinos, que había enloquecido con el síndrome festivo. Se trataba de la tienda de Stella McCartney en Bruton Street, engalanada por Navidad.
Y pese a que puede ser todo lo kistch y recargado que se quiera, el edificio iluminado hasta los topes me hizo sonreir. Es cierto que Stella lo hizo con un grado de ironía, pero me gustó encontrarme con su iluminadísima tienda.
Recuerdo como de niña nos reíamos de unos vecinos que se empeñaban en llenar la fachada y el jardín de su casa con Papás Noeles inflables, copos de nieve gigantes, Reyes Magos de neón... y ahora, en cambio, me encanta encontrarme con pisitos abarrotados de luces, casas en las que han hecho todo un despliegue navideño en la entrada, belenes con cientos de figuritas en jardines. Son como si te regalasen golosinas de camino a casa, cuando está oscuro y hace frío.
O se hace algo rozando lo sublime, como un año en Turín, que llenaron las calles de estrellas, planetas y versos de la Divina Comedia, o casi que mejor hacerlo a lo grande y con humor. ¿Por qué no? Ya que nos ponemos a decorar...
Para mi, no hay nada más triste que la decoración navideña minimalista, esos abetos negros con bolas blancas o reyes magos como esculturas de Giacometti.
¿Qué pensáis vosotros? ¿Vais a decorar este año vuestra casa? Contadnos cómo.