Por si no tenía bastante con la crisis económica ahora resulta que yo misma estoy en crisis: de vestuario y de identidad. Quizás sea por la ola de frío siberiano que me obliga a ir vestida de Yeti, o porque me he perdido la celebración del consumismo indiscriminado que son las rebajas (estaba en Madrid durante las de Londres ¡con la libra por los suelos! y llegué a Inglaterra cuando empezaban en España) O quizás sea porque por una cosa u otra, a cada uno nos toca unos días así de tontos al año.
El caso es que miro mi armario y me pregunto por qué demonios me habré comprado chaquetas chanelescas, botines de flecos y pantalones de cintura alta. Voy a las tiendas y sólo encuentro cosas maravillosas pero prohibitivamente caras o porquerías mal hechas y baratejas. Me pruebo cosas y frente al espejo pienso: si pudiera recortar más de aquí o añadir más de allí, me quedaría perfecto. Y sólo me interesan las prendas extravagantes o imposiblemente glamurosas, cuando me paso el día en casa tecleando en el ordenador. ¿Tendré que pasearme por el supermercado con un kimono de seda, joyas antiguas de ónice negro, un turbante años 20 o un vestido setentero hasta los pies? -artículos que, por supuesto, están en los puestos más altos de mi lista de adquisiciones-
Como pasa con muchas personas con crisis de identidad, me refugio en la religión y abro la Biblia: el Vogue me dará la solución. Lo primero que veo son la publicidad para las firmas de primavera-verano. Prada me propone convertirme en una Monica Vitti que lleva la ropa arrugada y enseña el ombligo. Gucci ofrece la salvación por el tropicalismo, un fallo que viva bajo una eterna nube gris. Dolce & Gabbana me exhorta a salir a la calle en pijama. Con Marni, Burberry's y Vuitton tengo una ligera epifanía, hasta que caigo en la cuenta de que tengo sueldo -más bien no sueldo- de periodista. Me hago atea.
¿Qué me pasa? ¿Tanto hablar y escribir sobre moda para esto?
Espero que esto sea fruto de la gripe epidémica y que para la semana que viene esté curada. Para vosotros, buen disfrute de armario y buen domingo.