

Llegó el anual fiestorro Moss. La celebraciones de sus 35 añitos tuvieron temática medieval. La modelo asó un cerdo y llenó la casa de rosas rojas, tronos de terciopelo y animales disecados.
Pero más o menos ocurrió fue lo mismo de cada año: la juerga dura días enteros, corrieron los litros de alcohol, los vecinos se quejan, las invitadas salen borrachas y enseñando las lolas a los paparazzi. Y Kate se pasea en taxis con el novio que toque, que -aunque sea diferente -, el menda en cuestión siempre tiene un cigarro pegado a la boca y mala cara.
Un dejá vu anual que sólo despierta mi interés por la ropa que elige Kate cada año. Me gustó el vestido vintage de lentejuelas azules de su 30 cumpleaños, no me emocionó el mono Chanel de estampado de estrellas de su 34... y en esta ocasión, pues por lo poco que he visto, ni fu ni fá.


Para el previo la noche anterior en el Dorchester eligió un conjunto a lo Bardot de jersey de rayas, cárdigan y leggings. Y para el gran día nos deleitó con todo un desfile de modelitos: un vestido de cola negro, transparencias blancas y negras y mini vestido -también negro- con colgante de escapulario y un abrigo de pelo no identificado (¿alguien sabe de qué animal procede ? ¡buaj! parece casi humano...)
Una nueva entrega de clásico estilo Moss, que no innova pero que seguro marcará tendencia.