
Tenía que contároslo ya. Que cuando voy de tiendas es lo único que busco. Dentro de unos seis meses ya no podré ser Miss B, y pasaré a llamarme Mrs. B, Madame B o (¡ay!) Señora B. ¡Me caso!. Es una sensación extraña, porque al mismo tiempo que una alegría inmensa, siento pura ansiedad. Yo no era de esas niñas que soñaban con lo que iban a ponerse el día de su boda. Y la búsqueda del vestido de novia está probando ser más complicada de lo que creía.
Me veo fatal de novia clásica, y por ahora no he encontrado mi vestido: el vestido.
Por una parte es una experiencia muy interesante, porque estoy aprendiendo mucho de materiales, cortes, proporciones de mi cuerpo, periodos históricos...por otra, es como si te fueses hundiendo en unas arenas movedizas de merengue. Al principio estaba convencida de que iba a ir de corto, luego ya fui alargando el bajo. Quería algo lo menos nupcial posible, pero un día me probé un velo vintage, y oye, tampoco estaba tan mal. Es extraño como, poco a poco, vas mirando de manera diferente cosas que antes te parecían inconcebibles.
Además, como no encuentre un vestido pronto, la búsqueda en sí me va a salir cara. Entro en una firma, digo que estoy buscando un vestido así y asá, porque me caso, y automáticamente te empiezan a sacar cosas, a hacerte la rosca, a acompañar el vestido con montañas de complementos. Hasta que en Sonia Rykiel, tonta de mí, acabé comprando unos maravillosos zapatos (eso sí, de rebajas) con los que gano por lo menos medio metro de altura y que posiblemente no me peguen con el vestido de novia. Como me sigan sacando zapatos, broches, colgantes, velos vintage, tocados... me voy a quedar sin presupuesto antes de encontrar el vestido.
En mi búsqueda hay abiertos varios frentes: ¿Quiero ser una novia hippy?, como Jane Birkin y el vestido de Valentino de la última foto superior ¿Una novia-Audrey? ¿O vintage-romántica?, como el vestido eduardiano de la foto de la izquierda.
Decisiones, decisiones. La boda se celebrará en Galicia, en el campo. Será una ceremonia civil mezclada con el rito judío (queríamos incorporar elementos de la herencia cultural de mi futuro marido.)
Por ahora, me he probado vestidos de la época eduardiana, de los años 70, cortos y largos, pret-a-porter. Y mediante un fotógrafo, contacté con una diseñadora que resultó vivir en Oporto...
Claro que si pudiera permitirme un vestido de la última colección de Alta Costura de Chanel, todo estaría solucionado. Lo más parecido que he podido encontrar en el reino de los mortales es la colección de estos tocados, que además de no tener color con las creaciones de del japonés Kamo, es, desde mi punto de vista, excesivamente retro.
Esto tiene pinta de no terminar pronto, así que espero que el tema no os aburra excesivamente, porque caerá algún que otro post sobre este tema.