

Échale la culpa a Cannes. O a la sucesión de vestidos negros y largos que han paseado Penélope y Carla.
Pero en el momento en el que vi este vestido negro de Topshop (a la izquierda) lo compré sin dudarlo. Muchas mujeres debieron tener el mismo arrebato, porque unas horas después estaba agotado.
El verano es el mejor momento para llevar vestidos largos: los bajos no se arrastran por charcos y la silueta no se rompe con abrigos o chaquetas. Pero todas las opciones de vestidos largos y veraniegos que nos daban en las tiendas eran rollo ibicenco. O estaban profusamente estampados y floreados. Me probé alguno de estos últimos y sólo me faltaba la pandereta de cíngara.
Vale que un vestido largo puede resultar exagerado o demasiado formal pero no se si os acordáis de una secuencia de Vicky Cristina Barcelona en la que Penélope Cruz aparece con un vestido negro hasta los pies. Lo lleva con alpargatas, y recuerda a una diva del sur de Italia, temperamental y elegante.

Quien quiera huir de lo hippy, que tire hacia la mediterránea opción anterior o hacia glam-setentero, inspirándose en Bianca Jagger, Ossie Clark (en la imágen un nuevo vestido amarillo de la firma) o Halston.
O hacia lo refinado. Como el vestido Delphos de Fortuny que llevó Natalia Vodianova a la gala del Met y cuya tela exquisitamente plisada, no llegó entera al final del evento.
Poco práctico, pero sin duda en tendencia para futuras temporadas: y como prueba, éstos diseños de Lanvin otoño invierno 2009-10 y de Chanel Resort 2010.