

Ya os transmití mi ansiedad en mi búsqueda de vestido de novia. Me abrumaba.
Lo primero, que no me veía para nada de novia. No me sentía muy yo. Y lo segundo, quería mangas y ahora parece que todos los vestidos los hacen con tirante fino o escote palabra de honor.
Así que después de pasarme por muchas tiendas y boutiques, decidí tirar por lo antiguo o lo vintage, como quiera llamarse. ¿Las razones? La abrumación se sustituía por el aprendizaje sobre cortes, materiales y épocas, no me sentía rara probándomelos y en la búsqueda se incluía un componente de emoción que no sentía cuando veia una fila de vestidos de novia.
Creo que todavía se sienten reparos a la hora de llevar algo que no es nuevo el día de tu boda. Pero a mi me da igual, Me parecen muy románticos. Me gusta el cuidado con que están confeccionados, que tengan historia, que sean únicos y no formen parte de colecciones.
Las décadas de los treinta y los cuarenta me atraían bastante, pero eran formas y tejidos que no me favorecían. Así que finalmente tiré por lo más antiguo: fui casi un siglo atrás. Me gustaba el estilo, y al estar tan alejado en el tiempo se omitían referencias demasiado obvias. A mi a veces me rechina que se definan a prendas de los ochenta como vintage. Aunque claro, todo depende de la prenda. Alejandra de Borbón (en la foto) se casó con un ¨Chanel vintage¨ que habíamos visto retratado en el Vogue en unas páginas dedicadas al armario de su madre. Y aunque quizás lo más veraz hubiera sido definirlo como "un Chanel heredado de mi madre" al vestido no se le pueden poner peros (otra cosa es que guste o no guste su imagen en general)


Al empezar a buscar me impuse varias premisas.
La más obvia y fundamental es que el vestido tiene que estar en buen estado. En Madrid vi algunos en tiendas de época. Eran espectaculares pero estaban verdaderamente destrozados y aunque te digan que se pueden reparar, a mi me parece prácticamente imposible.
También hay que tener en cuenta las posibilidades de adaptarlo a tu figura y a la éstética contemporánea. Antes se llevaba corsé o las proporciones eran diferentes. Sin embargo, es posible transformar un vestido. Hay profesionales dedicados exclusivamente a ello. Como Heirloom Couture, que convierte vestidos de tus familiares en piezas actuales.
Otra premisa para que el resultado final funcione es que hay que evitar el look total vintage. No cargar las tintas y mantener el peinado y los zapatos contemporáneos para escapar del efecto disfraz.
Yo encontré el mio en Londres, fue un proceso rápido y lo compré en un impulso. No me lo pensé dos veces y supongo que es buena señal. Por ahora estoy contenta. ¡Os contaré si caigo presa del pánico el día antes!
En las fotos, Leah Wood, hija del Rolling Stone Ronnie Wood, con un vestido vintage de los años 20. El vestido me gusta, pero como pega le pondría lo cerrado del cuello y lo envarado del estilismo. Dos novias con vestidos de de The VIntage Wedding dress company . Un vestido de novia del diseñador británico Ossie Clark, (finales de los 60, principios de los 70), Alejandra de Borbón e imagen de Heirloom Couture.