
Estoy paseando por una callejuela del norte de Londres cuando me detengo en frente de un escaparate. Es una de esas tiendas donde venden joyería étnica, pañuelos, chales y artesanía. En las que si te descuidas te encuentras cristales curativos y piedras para cada signo zodiacal.
Una tienda de abuela hippy. No tengo nada contra las abuelas hippies, de hecho, me encantan. Pero sus tiendas no son las que de primeras llaman mi atención. El caso es que termino entrando: los precios están tirados y hay algo que me resulta familiar.
Dentro, me encuentro con unos vistosos mantones-chaquetas de flecos que he visto en alguna parte. Los hay en verde esmeralda, amatista, ámbar, rubí y zafiro: todos los colores joya. Y están diseñados para que se puedan llevar de dos maneras: con los flecos hacia abajo o en el pecho. La dueña de la tienda y diseñadora de los mantones-kimonos interviene: "Es el de Kate Moss. Mira." Y entonces apunta a una de las fotos que he visto hasta la saciedad: Kate Moss, vestida de Chanel Alta costura, pendientes largos y plataformas metalizadas de Terry de Havilland, llegando tarde a la boda de Leah Wood.
Cuando vi esas imágenes por primera vez, pensé que ese mantón era vintage. Lo di por sentado, teniendo en cuenta que la novia llevaba vintage y que Moss es una experta en este tipo de ropa.
Pues no. Es un mantón de tienda de abuela hippy que le costó veintitantas libras. De hecho, ahora puedes comprar una versión más corta por diez.
La dueña de la tienda continua: "Lo llevó en otra ocasión, una entrega de premios. Pero cuando vino a comprarlo, no la reconocí. Kate Moss es una chica normal. Como tantas otras" En este momento, ha entrado otra señora que escucha atentamente. Entre las dos, me instan a probarme uno y termino comprando la versión de las diez libras.
De camino a casa me acordé que una reciente colección de Kate Moss para TopShop contaba con una chaqueta de flecos sospechosamente parecida a la que compró a esa mujer.
Es negra, pero tiene los flecos, los bordados... el concepto es prácticamente el mismo. ¡Pero cuesta ciento y pico euros! ¿Se habrá enterado la dueña de la tienda? Ni siquiera sienta tan bien como el original, pero lo llevan it girls como Olivia Palermo.
Pero a lo que vamos: aquí reside el talento de Kate Moss. Otras ni entrarían en una tienda así. Ni osarían a combinar un Chanel Haute Couture con un mantón de veintipocos euros. Y luego lo fusila sin piedad para venderlo cinco veces más caro. No es una diseñadora, copia, roba estilos (Marianne Faithfull ya habló sobre ello).
Pero tiene ojo. Y no tiene prejuicios.
Kate, retiro todo lo que he dicho antes: que estás acabada, que cansas, que ya no eres relevante. Hinco mis rodillas en el suelo ante tu talento. Aunque sea del más vampírico.
Para quien le interese, la tienda se llama Zana y está en Flask Walk n. 6, Hampstead.