

Media humanidad ha pasado el fin de semana tirándose de los pelos por hacerse con unos zapatos de Jimmy Choo para H&M. Soy consciente. Pero por aquí, mantengamos la calma.
A mi me gustan los tacones como a la que más. Poco me falta poner mi par de Sonia Rykiel en un altar y adorarlos cada mañana. Y considero que subirse en unos tacones fabulosos es una inmejorable terapia.
Pero últimamente hemos llegado a extremos con el calzado. Los tacones son imposibles. Es muy difícil encontrar modelos que no nos hagan tambalearnos cuando nos los probamos. Parece que se olvidan que las mujeres trabajan, estudian, conducen o usan el transporte público. Que caminan por las calles.
Supongo que Sexo en Nueva York ha tenido parte de culpa. De repente todas queríamos unos manolos o unos Jimmy Choo como Carrie. Saltarnos el detalle del príncipe en nuestros cuentos de Cenicientas contemporáneas. Pero ojalá todo en nuestras vidas fueran eventos y Cosmopolitans. Ojalá el trabajo de periodista freelance estuviera tan bien pagado como el de Carrie y tuviera el estómago de sentarme todos los días frente al portátil en combinación de satén, como nuestra protagonista. :)

Las mujeres necesitamos zapatos a la moda pero que no griten "fashion victim", favorecedores, y que no nos hagan la vida imposible. Es aquí donde entran los botines de esta temporada. Nuestros salvavidas. Una mezcla entre bota de cowboy y botín femenino. Tobilleros, con tacón cubano o ancho, no demasiado alto. Calentitos y en tonos atractivos.
Claudia Schiffer es la reina de estos botines. Su par preferido, de Isabel Marant, ha alcanzado un status de culto. Con ellos puestos saca al perro y lleva a su hija al colegio (por cierto, mirad la foto con su hija, ¿no parece que la niña levita? ¿eso hacen los hijos de famosos?)
Son zapatos que no necesitan un taxi para llegar al destino, que sirven para ir mona o para ir a por el pan y el periódico. Y además aguantan la prueba de los paparazzi.
Claudia lleva los suyos con vaqueros estrechos y pesqueros, pero quedan igual de bien con pantalones remangados, leggings, pitillos, los chándales chics del post anterior, o simplemente con unos vaqueros metidos por dentro de las botas. El mejor efecto se consigue con los que terminan justo por encima del tobillo.
Los hay en Mango, con tachuelas rockeras, a 65 euros (foto 1). En Zara, negros con cremalleras, que creo que rondan los 90 euros. Y también en Zadig & Voltaire (foto 2). Preciosos, pero a 450 euros: Carrie daría su aprobación.