
Ya que ellos no lo hacen -celebrar su boda-, El Museo de Cera de Madame Tussauds en Las Vegas tuvo la genial idea de organizar la que han tenido a bien llamar The Brangelina Wedding, casando a Angelina Jolie y Brad Pitt. Bueno, más bien a sus figuras de cera. Surrealismo del duro.
La ceremonia iba a servir para presentar al muñequito tamaño real de la Jolie, al otro ya lo tenían de antes. Y como tenían también por ahí una estatua de George Clooney, pues decidieron que éste sería el mejor padrino que podía tener la pareja; padrino, acompañante de boda o lo que fuera, ante aquello de "si alguien tiene algo por lo que oponerse a esta boda, que hable ahora o calle para siempre", el Clooney-wax iba a permanecer más callado que un muerto.
Todo esto me ha recordado a cuando de pequeña coges a tu Barbie y a tu Kent y decides que los vas a casar. Eso para quienes hayan tenido una feliz infancia con una Barbie y un Kent, las que no la hemos tenido casábamos una Barriguita con el Geyperman -o Madelman, en su defecto- del hermano mayor, y la cosa quedaba bastante desproporcionada. Acababa resultando una boda de estas en las que los invitados (muñequitos de Lego y Clicks la mayoría) salen diciendo "pues ella parece poca cosa para él" (pues sí, ¿que quieren? ella es una Barriguita y él un Geyperman, y además la diferencia de edad es grande, por si no se habían dado cuenta).
En fin, volvamos a la boda que nos ocupa. Parece ser que la pareja, no la de cera sino la real, se ha quedado casi tan petrificada como sus propios muñecos ante esta noticia que no les ha sentado nada bien. Así que el enlace-wax ha sido cancelado por el Museo. Además, Pitt -también conocido como "soy_el_actor_más_comprometido_de_Hollywood"- ya había asegurado que Angelina y él no se casarán hasta que “todo el que quiera casarse legalmente en el país pueda hacerlo”. En la vida había escuchado una excusa mejor para evitar pasar por el altar sin quedar mal con el/la churri. ¡Olé, Brad!