... y al otro: ¡The TomHolmes Day!

Todo lo esperado y más. Eso es lo que está trayendo la boda del año, la de Tom y Katie. A mi parecer no le falta de nada para definirla como la friki-boda. Primero resulta que pudiera ser que hubiesen firmado un contrato ‘anti-cuernos’ –esto de los contratos prematrimoniales está muy de moda, esta taaaan romántico- según el cual el que sea infiel al otro tendría que pagarle cinco millones de dólares (seré frívola y materialista, pero si yo hubiese firmado un contrato así estaría deseando que mi pareja me la pegase con lo primero que pillase, persona o animal). Pero esto es sólo durante el primer año de matrimonio, luego ya no. Claro, claro… es que según pasa el tiempo en una pareja es más difícil eso de la fidelidad, y tampoco es cuestión de pillarse los dedos.
También nos enteramos (ya nos lo comentaba ‘el marido de Alabama’) que el rito de la Cienciología –que yo confesaba desconocer, aunque lo imaginaba algo raro-raro-raro- incluye que el novio le regala a la novia una cacerola, un gato y un peine, la realidad "cienciológica" supera mi imaginación. El peine supongo que es… ¿para peinar al gato? Habrá que preguntárselo al fundador de la secta (perdón, religión), Ronald Hubbard, que se lo inventó en 1954 –bajo los efectos de las drogas, seguro-.
Los de Armani han debido de acabar un poco hartos: tuvieron que realizar hasta cinco vestidos diferentes para la novia, y luego va Tom y se pasa con las tapitas y le tienen que arreglar su traje porque no le entra. Las ventanas del Ayuntamiento de Bracciano, con bonitas vistas al castillo donde se casan, se alquilan al módico precio de 1.000 euros. A ver cuando llega el día en que algún famoso se case en frente de mi casa para poder rentabilizar mi balcón. Aunque veo bastante improbable que ninguna celebridad quiera hacer la ceremonia en un “todo a cien” regentado por chinos, que es exactamente lo que veo cuando me asomo por la ventana.
Y entre los invitados -unos 500 en total, nada sólo los más íntimos- mucha estrella de Hollywood y mucho famoso, como no: Brad Pitt y Angelina Jolie, John Travolta, Brooke Shields (algunas menos estrellas que otras), Jim Carrey, Jenny McCarthy, Jennifer Lopez y Marc Anthony, David Beckham y Victoria Adams, Russel Crowe, Will Smith, Jada Pinkett, Steven Spielberg, Andrea Bocelli (que le cantará el Ave María a la novia, ¡cuánta originalidad!), etc. El actor John Travolta, también piloto comercial y cienciólogo de pro, se los lleva a la mayoría hasta Italia en su avión privado. Dios no lo quiera, pero me imagino que acaba estrellado en una isla desierta ilocalizable, y la versión de Perdidos –la serie de tv- que saldría de ahí sería de traca. Nuestra Pe, no acudirá a la boda, aunque ella afirma que se lleva muy bien con Tom (si ella lo dice); y tampoco el ex novio de Katie Holmes que no ha sido invitado.
Si hay algo que me ha sorprendido de todo esto es comprobar –como ya sospechaba- que Nicole Kidman no pertenece a este mundo, tan perfecta, tan… tan… (es una replicante como poco): ¿no va la Kidman y les manda un regalo con una nota en la que les desea que sean muy felices juntos?. Ningún ser humano, que se precie de serlo, que vea casarse a su ex le desea lo mejor. Y menos cuando en tu pareja las cosas no van muy bien: Nicole tuvo que cancelar no hace mucho sus actos públicos de promoción de la película Fur para evitar preguntas sobre el ingreso de su marido, el cantante de country Keith Urban, en una clínica para superar su adicción al alcohol. Ay, Nicole que buen ojo para elegir papeles pero que malo para los hombres.