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# miércoles, 29 de noviembre de 2006 11:17

Los nobles cameos de Cayetano

Siempre me he preguntado a qué se dedicaba Cayetano Martínez de Irujo a parte de a la relajante práctica de montar –caballos, aclaro, que luego todo se malinterpreta-, ostentar el título nobiliario de Conde de Salvatierra y protagonizar alguna que otra noticia del papel couché. La respuesta a tan inquietante misterio digno de Expendiente X se obtiene al acudir a ver Los fantasmas de Goya, la última película del director checo Milos Forman.

En el filme podemos ver al hijo de la Duquesa, (la de Alba, vuelvo a aclarar, aunque ¿acaso existe otra?), no como protagonista, pero sí practicando el noble arte del cameo. Nunca mejor dicho lo de noble, ya que da vida al Duque de Wellington. Le acompaña, además, su mujer Genoveva Casanova (ésta ni actriz, ni noble, ni nada, pero sale en la foto por “parienta de”, lo que se ha perdido Mar Flores, quizá si lo hubiese sabido antes…). Curioso cuanto menos.

El noble español comparte reparto en su debut cinematográfico con Natalie Portman y Javier Bardem, nada más y nada menos. Nos quedamos con la duda de saber qué pensarán sus partenaires sobre las dotes interpretativas de Cayetano, y si a éste le habrá supuesto mucho esfuerzo meterse en la piel de un personaje tan distinto de él: desde luego que no es lo mismo un Conde que un Duque (¿habrá empleado la técnica del Actors Studio o el método Stanislawski?). Tampoco sabemos si él mismo no teme que le encasillen para siempre en el mismo tipo de papeles.

Ni siquiera se le puede reconocer a Cayetano el mérito de ser pionero en esto de los nobiliarios cameos patrios. Ya hizo lo propio unos cuantos años antes el aristócrata José Luís de Villalonga en la película Desayuno con diamantes, con Audrey Hepburn. Para que luego digan que la nobleza en nuestro país nunca ha servido para nada. Entendido tengo que en el pase de prensa de Los fantasmas de Goya su aparición provocó no pocas risas. Lamentable es que en otros países diferentes al nuestro donde se vea la película no ocurrirá lo mismo ya que el respetable no reparará en la noble presencia, y su trabajo será considerado como simple aparición de un extra –actor secundario a lo sumo-.

Si en el siglo XVIII fue el arte de la pintura el que inmortalizó la saga de los Alba gracias al retrato de Goya de la Duquesa, parece que en el XXI es el séptimo arte el que los captura para la posteridad. La cuestión que queda ahora abierta es: ¿supondrá este el inicio para Cayetano Martínez de Irujo de una importante carrera cinematográfica? Y aún más: ¿deberá temblar Sean Penn ante este posible nuevo competidor por el Oscar? Sospecho que no.

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