
Hoy nos levantamos con la triste noticia de que la actriz de culto -y no porque tenga una amplia filmografía en el cine independiente-, de culto para el sector del transporte -entiéndase fundamentalmente camioneros-, Pamela Anderson ha perdido al bebé que estaba esperando (lo dice la revista US Weekly), aunque anteriormente había negado que estuviese embarazada. El aborto tuvo lugar mientras rodaba una película en Vancouver, y el padre era su actual marido después de Tommy Lee, el rockero Kid Rock.
Sin ánimo de restar un ápice de dramatismo al hecho, no sé hasta que punto un bebé nacido, criado y educado en el seno -¿o debería decir senos?- de una familia así gozaría del debido equilibrio emocional y el ambiente familiar sano que todo niño merece. Personalmente si a mí me preguntasen en el "limbo de los niños aún no nacidos" que si quiero que mis padres sean Pamela y Kid, pues optaría por un "paso palabra", y esperaría a que me propusiesen como padres a Brad Pitt y Angelina Jolie, si es que les da tiempo entre viaje y viaje a la India, y entre buena acción y buena acción.
Es más, después de la acusación que un dentista de California hizo a Pamela de no pagarle el tratamiento dental completo que la realizó en el año 2004, a saber dónde encuentras tú ahora a un dentista que se comprometa a hacerle la ortodoncia a ese niño a riesgo de no cobrar luego.