El malo-malísimo de la última de Bond, James Bond, el actor danés Mads Mikkelsen (al que recordarán -o no- por otros papeles en películas como Willburne se quiere suicidar o Torremolinos 73- se ha metido más de lo que cabría imaginar, y su familia desear, en el "contexto" de la úlitma película del agente con licencia para matar, Casino Royale, donde él interpretaba a un experto jugador de póquer. La película se rodó y se estrenó, sin embargo él sigue practicando el papel que le tocaba. Parece que después de rodar el filme, se le he ido la mano con esto del juego, la mano de póquer -nunca mejor dicho- y anda haciendo lo que puede por los casinos del mundo para sacarse unos eurillos extras, de timba en timba (alguna que otra ilegal). El pasado diciembre la Asociación de Propietarios de Restaurantes y Hoteles de Copenhague denunció al actor por participar en un torneo de póquer en el famoso Club Dakota (será famoso en Copenhague, yo primera noticia que tengo que este club existe). Torneo que no debía ajustarse del todo a las leyes vigentes sobre torneos de póquer en Dinamarca. Mads Mikkelsen acabó siendo detenido.
Un mes después descubrimos que aquello no fue un caso puntual y que el actor sigue con este pequeño vicio sin importancia (siempre que puedas permitírtelo, por supuesto). Según cuenta el diario Berlingske Tidende (¿qué pasa? una recurre a todo tipo de fuentes), el actor va a ponerser de nuevo sobre el tapete verde para jugar en un torneo por 14 millones de coronas (1,9 millones de euros) que se celebrará en el Casino de Copenhague este fin de semana. Desde aquí desearle suerte, porque como gane se va a forrar. Quien sabe si pasará de actor a productor, y no obligatoriamente de películas Dogma.
Mikkelsen, ni corto ni perezoso, ha echado la culpa de sus problemas con el juego a la película de Bond. Quien no se consuela es porque no quiere. Dicen que algo parecido le pasó a Bela Lugosi, encasillado en personajes de terror y, sobre todo, en el papel de drácula. Rumores corrían sobre que el actor acabó sus días pensando que realmente era un vampiro y durmiendo en un ataud. Lo que sí que es cierto es que fue incinerado con su disfraz de vampiro. Lugosi-Drácula, paradigma del caso "personaje que engulle al actor". Pero el señor Mikkelsen no tiene la excusa de "jo, es que siempre me dan el mismo papel", que se sepa es el primero que hace como jugador de cartas. Por lo menos no le ha dado por las máquinas tragaperras, que tiene como que mucho menos glamour... ¡dónde va a parar!