En el mes de febrero Kate Winslet demandaba a la revista británica Grazia (del grupo editorial Emap London Lifestyle) por publicar que estaba "a plan" para adelgazar. Puede estar contenta porque ha ganado la demanda. El artículo decía que había acudido a un Instituto de Terapia China en Santa Mónica para seguir un tratamiento de pérdida de peso. Independientemente de que la Winslet negase estar sometiéndose a régimen alguno, yo me pregunto en qué consistirá la terapia china esta para adelgazar: ¿alimentarse sólo de galletitas de la suerte? ¿comérselo todo con palillos? ¿hacer kung fu después de todas las comidas? ¿encomendarse a Tao cada vez que se pica alguna chuchería de más?
Cuando la revista difundió la noticia de que la actriz de Juegos Secretos consultaba a un especialista para perder peso, ella se sintió herida, deprimida y enojada. Consideró que esta información la dejaba cual hipócrita, dañando su imagen. Ella que siempre ha defendido la curva, en decrimento de la línea. Vamos, que lo único que ha perdido este año Kate ha sido un Oscar a Mejor Actriz -a parte del buen gusto en elegir vestido para las galas de la Academia- porque si hablamos de sus kilos (que personalmente no considero que tenga ni uno de más) los sigue conservando todos.
Los conserva todos y ¡a mucha honra! La actriz británica ha declarado que no piensa ceder a los dictados de la industria del cine para mantenerse delgada. Dictados de la industria del cine y de la sociedad en general, añado. Todo lo contario que Harrison Ford, que como según ya os comentaba está dispuesto a someterse a los dictados que haga falta. Más si se los imponen Spielberg y Lucas para darle de nuevo el papel de Indiana Jones.
La revista finalmente ha tenido que indemnizar a Kate por este claro caso de difamación y ella, en un alarde de generosidad, en lugar de ir a gastárselo en una buena comilona, ha donado la cantidad que ha recibido a una entidad que trata a personas con problemas alimenticios. La curva gana.