Desde hacía tres año que la actriz Uma Thurman mantenía una relación con un empresario hotelero, llamado Andre Balazs, dueño de una importante cadena de hoteles. Estas chicas nunca se enamoran de un obrero de la construcción, a ver si aprenden de Liz Taylor. Sólo hace falta que nos fijemos en la pareja de Salma Hayek, del que ella se encuentra embarazada. Ya puede tener pasta el hombre, o una personalidad arrolladora, porque atractivo físico lo que se dice... tenerlo no lo tiene.
Entre Uma y su novio, por mucho dinero que tuviera, se acabó lo que se daba. Y lo que se daba era que andaban yendo y viniendo, de la ruptura a la reconciliacion y viceversa de manera más o menos constante. Lo que viene a llamarse una relación intermitente. De todos es sabido que al final estas cosas acaban mal. Tanto va el cántaro a la fuente... Así ha sido: ya no están juntos, según señalaba su representante Robert Garlock.
Mala época para dejarlo, que se acerca la primavera, temporada en que la depresión y la astenia hacen estragos entre los viandantes. Si a esto sumamos una ruptura sentimental que se mascaba en el aire, acabamos oyendo que la novia de Bill declara: "Sinceramente, los hombres casi nunca me dicen piropos, y si lo hacen, no son los adecuados. Durante años me han dicho que supuestamente soy guapa y yo jamás he creído una palabra."
Pobre, que la piropean poco y mal. Se me cae el alma a los pies solo de pensar lo mal que lo debe pasar. Yo que pensaba que la Thurman era un icono sexual de los 90. Ya no se tiene respeto ni a los iconos. Este icono o ex-icon, de momento, puede sumar uno más a su lista de fracasos sentimentales de la que ya formaban parte Gary Oldman y Ethan Hawke -con este estuvo casada y tiene un par de hijos-. Aunque en estas relaciones de idas y venidas nunca se sabe cuando se va a retomar la historia ni cuando la rupturas son definitivas o el paso hacia una nueva y feliz reconciliación.