Si tuviésemos que hacer un listado con todos los actores y actrices que desde los inicios de Hollywood han pasado por una clínica de desintoxicación de sustancias poco recomendables para la salud, no tendríamos espacio suficiente. Y eso los que han tenido suerte. Mismamente, Haley Joel Osmet, el niño de El sexto sentido, formaría parte de ella. Sí, sí.. el de "en ocasiones veo muertos", en ocasiones -más de las deseables- también le da al cosumo.
Parece que para ser estrella de Hollywood lo que pega es darle al alcohol y otras cositas para luego rehabilitarse. Esto mismo, que ya lo habíamos leído y oído de otras estrellas, es lo que leemos ahora del irlandés Jonathan Rhys Meyers, que se subió al carro de las estrellas del celuloide después de su papel en Match Point.
El actor, que empezó a hacerse conocido por su papel en Quiero ser como Beckham, fue internado en una clínica de rehabilitación por su adicción al alcohol, según informaba Meredith O’ Sullivan, su representante, a la revista People. Ha comentado también que en cuanto esté recuperado volverá al trabajo. ¡Qué mundo de contrastes este!, mientras a unos la superación de los estragos de la fama les lleva por el camino del budismo -véase, Orlando Bloom, según comentaba ayer- a otros les lleva por el camino del alcohol y la desintoxicación.
Cualquier clínica de cura y rehabilitación de lujo parace ser el refugio perfecto para componer las maltrechas vidas de estos "juguetes rotos" de Hollywood. No se me ocurre mejor negocio para inaugurar en sus colinas que un centro de estos. ¿Por qué esta tendencia al excesivo gusto por el alcohol y las drogas entre los actores y actrices? Quizá no más alta que entre el resto de mortales, aunque parece que sí. ¿Consecuencia de la fama? ¿Será verdad aquello que una vez dijo otra gran víctma de la fama de Hollywood, Marylin Monroe?: "En Hollywood te pagan mil dólares por un beso y cincuenta céntimos por tu alma".