Angelina Jolie está creando escuela. No a la hora de hacerse tatuajes, que también podría ser, sino por su otra gran afición, esto es, a la hora de adoptar niños. La "mujer deseperada" Eva Longoria ha anunciado que tras casarse con su novio el jugador de baloncesto de la NBA Tony Parker, el próximo 7 de julio, va a caminar por la misma senda de la que ya lleva recorrido un buen trecho la Jolie: la senda de la adopción. Últimamente en Hollywood parece que si no adoptas un niño no eres nadie. No sólo la Jolie y la Longoria se han subido a este carro, también lo han hecho antes Sharon Stone, Tom Cruise y Nicole Kidman, Steve Spielberg, Meg Ryan,... Y una cosa os digo, se empieza adoptando uno y nunca se sabe con cuántos se va a acabar, que se lo digan a Brangelina. Debe ser que la cosa crea adicción, lo mismo dicen de los tatuajes, que una vez que te has hecho uno sigues tatuándote todo el cuerpo
"Tenemos gran amor y capacidad adquisitiva para hacerlo, y queremos dar a este niño un entorno de amor y estabilidad que de otra forma no tendría", declaró la guapa actriz. Ya saben lo que pueden ir haciendo las agencias de adopción internacional de niños: ir enviando a la parejita el catálogo de chavales huérfanos disponibles.
Después de haberse conocido en el año 2004, Tony y Eva van a contraer matrimonio en poco más de un mes en un castillo situado en el norte de París, donde ya han celebrado su boda otras parejas como Ronaldo y Daniela Cicareli (bueno, lo de estos fue una boda de cartón-piedra, pero celebración hicieron, y por todo lo alto). A la boda acudirán doscientos invitados entre ellos las compañeras de reparto de la famosa serie Mujeres desesperadas y otros actores como Jamie Foxx, Jessica Simpson y Kiefer Sutherland.
El comprimiso entre los futuros padres adoptivos quedó sellado y bien sellado mediante un anillo de Dousset que él le regaló a ella. El anillito no era precisamente de los que te tocan en un huevo Kinder de chocolate. Se trataba de un diamante de cinco quilates en talla de esmeralda, montado en oro blanco y rodeado de 248 kilates. Por lo que debe costar la joya barrunto que podrían pagar los pañales de hasta cien churumbeles adoptados si quieren. Pañales a parte, lo que tampoco le va a falta al futuro hijo adoptivo es un lugar cercano donde rezar y dar gracias por "el milagro", ya que Longoria confesaba también: "Rezo todos los días, tengo un altar en casa".