Parece que los actores Eva Mendes y Joaquim Phoenix y el vodka forma un estupendo equipo a la hora de trabajar. El elemento líquido mencionado funciona como dinamizador de la relación profesional entre ambos actores. La bella actriz tuvo que rodar varias escenas de sexo con el atractivo actor para el filme La noche es nuestra, y tal era su pudor, nervios y sentido de la vergüenza que tuvo que recurrir al alcohol para que la cosa resultar más fácil y fluyera con naturalidad. "Soy muy profesional y no suelo beber en el trabajo, pero esa mañana tuvo que hacer algo", confesaba Eva. O que cualquier excusa es buena para darle al drinking o bebercio. Estoy segura que si fuese Kirsten Dunst la que hubiese estado en su situación le habría dado a otras cosas.
Lo encantadas y maravilladas que estarían muchas si les propusiesen rodar sexo con el susodicho. A Eva le ponen la oportunidad en bandeja, la pagan por ello (no lo olvidemos) y resulta que lo pasa mal. Comentar que se trata de las primeras escenas de este tipo que la escultural actriz ha rodado para la pantalla grande -se podria decir que era virgen en este sentido- y de ahí el momento de tensión, suponemos. "Me pongo nerviosa incluso al hablar de eso (en referencia su primera escena de sexo). Fue realmente duro para mí. Se me saltaban las lágrimas", dijo. Un poquito exagerada sí que resulta. A algunas se nos saltarían también las lágrimas, pero de alegría.
Fue James Gray, el propio director de la cinta, en la que también comparte reparto con Mark Whalberg y Robert Duvall, el que le ofreció a la actriz un trago de vodka con naranja para que se relajase. Lo que viene siendo un "destornilador". Esperemos, al menos, que cuando tenga que rodar su primera escena conduciendo no tenga que recurrir a los mismos "métodos de relajación", quizá no fuesen los más adecuados.
Yo le diría a la Mendes que lo de recurrir al alcohol es el camino fácil para solucionar los problemas, pero seguramente no el más adecuado. Uno cuando tiene un problema debería enfrentarse a él y no refugiarse en la embriaguez que provoca el alcohol para esquivarlo, porque ¿qué va a hacer cada vez que tenga que rodar una escena de sexo? ¿Trincarse otro vodka? Que se empieza por un vodka y nunca se sabe en la cama de quién se acaba, aunque sea en la ficción. Y además, que todos sabemos que Eva Mendes ha acabado siguiendo los pasos de Lindsay Lohan: en una clínica de rehabilitación.