Hay mitos cinematográficos que se mantiene toda la vida y otros que, de repente, un día, por un pequeño detalle se te caen. Un detalle desvelado de su intimidad más cotidiana y vulgar. Es lo que me ha pasado a mí con Marilyn Monroe, ese ser etéreo, glamuroso, atormentado, sufridor, mito erótico de Hollywood, oscuro objeto de deseo de miles de hombres. Ella, a pesar de ser rubia, tenía flatulencias. Así como lo escribo. Se puede emplear una expresión más burda para comentarlo (expresión que mis finos modales de señorita me impiden escribir) u otra más médico-científica (padecía el conocido como síndrome de colon irritable), pero el hecho es el mismo y de glamuroso tiene poco, por no decir que no tiene nada.
Y es que las estrellas -menos aún si son mitos- se supone que no hacen estas cosas. Y si las hacen nadie debería sacarlas a la luz. Si sólo fuese esto lo que han publicado... peores cosas aún ha escrito sobre ella el autor David Bret en el libro Clark Gable: tormented star, una biografía sobre el actor en la que se justifica por qué Clark y ella jamás mantuvieron una relación. Vaya par, en cualquier caso, porque de él siempre se ha comentado que sufría una fuerte halitosos. La biografía se editará en septiembre en EE.UU. para información de interesados con mentes morbosas.
Otros detalles escabrosos que nos ofrece este caballero -aunque no se merece el calificativo, porque si lo fuera no contaría todo esto sobre una dama- son que dormía entre restos de comida (esto sí que da un poco de asquito, sinceramente) y que "Marilyn se teñía el pubis de rubio y nunca llevaba bragas". Bueno, ¿y qué problema hay con esto último?, pues más fresquita que iría la mujer. Todo ello para afirmar que, a pesar de los múltiples rumores que corrieron en su momento, mientras filmaban juntos Vidas rebeldes, sobre el apasionado romance que ambos vivieron, éste jamás llegó a producirse, y nunca se pusieron una mano encima el uno al otro.
En conclusión que, por obra y gracia de este señor -David Bret- y en cuestión de unas cuantas páginas impresas, Marilyn pasa de mito sexual a ser considerada como una auténtica guarra y pedorra -perdón, flatulenta-. Todo un palo para muchas generaciones de cinéfilos, sin duda. Marilyn era humana.