Cuando estaba ya a punto de crear una etiqueta en este blog bajo su nombre, única y exclusivamente para clasificar todos los posts -que no son pocos- que a esta díscola chicuela no me queda más remedio que dedicar... cuando a puntito estaba, resulta que va Lindsay Lohan y comenta que se quiere retirar del bullicioso y asfixiante mundo de Hollywood, que es Hollywood el culpable de todos sus males ya adicciones. Hollywood y las malas compañías que la meca del cine le ha proporcionado (no hay como tirar balones fuera). El único consuelo que me queda es pensar que se lo ha comentado a su padre, y esto me suena a la típica declaración que se hace a nuestros progenitores en plena adolescencia: "papá, te juro que no vuelvo a beber", "mamá, te prometo que no vuelvo a faltar a clase". Promesas que pocas veces se cumplen, pero el padre se lo ha tragado. Se ha tragado que su hijita abandonará Hollywood en un nuevo intento por superar su adicción a las drogas y al alcohol. Personalmente lo dudo bastante.
"Papá, he hecho algunas cosas terribles y he sido adicta a drogas, pero por favor créeme, nunca volveré a tomar drogas. Odio Hollywood y no quiero trabajar allí. Necesito ajearme y romper con todo. Dejaré de perder el tiempo con toda esa gente que es mala para mí". Son estas las confesiones que la actriz le ha hecho a su padre, Michael Lohan, después de no verse desde hacía dos años cuando él ingresó en prisión en Nueva York tras ser declarado culpable por conducir en estado de embriaguez, entre otros cargos. De tal palo, tal astilla. Con ese ejemplo en casa qué se podía esperar...