Si alguien pensaba ir al cine a ver la película española Agallas -cuando acabe de rodarse, claro, y se estrene en nuestras pantallas- simplemente por el hecho de que en su reparto figurará el nombre de Hugo Silva, y con la única pretensión de disfrutar de su impresionantemente impresionante aspecto físico... mejor que se le vaya quitando la idea. No es precisamente guapo, como aparece el actor español en esta cinta que ahora se está rodando en tierras gallegas. Las fans del actor no van a quedar muy contentas cuando vean de qué guisa le han puesto para interpretar a Sebas, un joven recién salido de la cárcel, sin sentimientos al que sólo mueve el egoísmo.
Si nos fijamos un poquito en la foto no hay duda de que no aparece exactamente de la misma forma a que estamos acostumbrados a verle en la pequeña pantalla en el papel que intepreta en la serie de El Comisario (perdón, Los hombres de Paco... ¿hay mucha diferencia?). Si eres de las que aprecia más en él su físico que sus dotes intepretativas, te aconsejo que te ahorres el dinero de la entrada y enciendas la caja tonta. Mucho más barato y más gratificante (¡dónde va a parar!).
Y es que es lo que tiene ser actor que a veces hay que engordar, adelgazar, ponerse cachas, afearse,... en fin, cambiar completamente su look habitual... todo por exigencias del guión. Y cuando el resultado final es a peor, los perjudicados finales son los fans de la estrella en cuestión. Y es que resulta que tener un atractivo de impresión para una comedia romántica da que ni pintado, pero para otro tipo de géneros (más realistas) e historias no cuadra tanto. Así que algunos actores y actrices tienen que transformarse físicamente hasta el punto de llegar a ser irreconocibles o, como mínimo, no parecernos tan atractivos como en una portada de Vogue o Vanity Fair (donde suele producirse el proceso es inverso, por obra y gracia del Photoshop).
Esto de transformarse por completo para meterse en la piel de un papel parece que se lleva más en el cine americano que en el nuestro. Los cambios a peor impresionan a los de la Academia de Hollywood, porque no hay nada como engordar o descuidarte el físico para que te nominen a los Oscar. Sirva la estatuílla de recompensa, porque en muchas ocasiones el cambio lo consiguen no con pocos sacrificios... o sí (en fin, que me digan a mi que someterse a horas de maquillaje es un gran sacrificio; pues relativamente y según con lo que se compare).
Para espectadores desinformados puede resultar un chasco. Por ejemplo, contemplas el reparto de Syriana, intérpretes: George Clooney. Y te dices "nada, a alegranos un poquito la vista viendo al guapo de Clooney". Llegas a la sala y Clooney sale en alguna escena ligerito de ropa, sí... pero con una loooorza considerable. Y te preguntas: pero este hombre, ¿qué ha estado comiendo durante meses? ¿lo mismo que su (fallecido) cerdo Max o qué? En fin, que para ver eso ya tienes la barriga cervecera de tu novio todos los días (o todos los sábados-sabadetes, que luego entre semana cuando a tí no te duele la cabeza, él está muy cansado).
Caso contrario al de Clooney (que lo veo con la pinta de Syriana en una playa de Benidorm y ni reparo): los kilitos de más no le sentaron tan mal a Will Smith en Ali -donde daba vida al boxeador Mohamed Ali-, 20 kilos exactamente de "todo músculo". Siguiendo con la adquisición de kilos, encontramos a la "actriz globo": Renée Zellweger tiene que engordar cada vez que tenemos nueva entrega de El diario de Bridget Jones. El dietista de la Zellweger debe volverse loco con su sucesión engordo-adelgazo-engordo-adelgazo: en Chicago la adivinábamos una tallita 38.
Otra: Charlize Theron en Monster. Piensas: "espero que hagan honor al título y la hayan dejado realmente como un auténtico monstruo". Y te vas con tu novio al cine para que vea que la tía esa no es tan guapa como la sacan en el anuncio de Dior y como para que la tenga de fondo de pantalla. Pues, hombre, como en el anuncio del perfume no está, pero tampoco es que haya engordado como una foca, está un poco más rellenita (como la media) y punto. Renee Zellwegger, hizo lo mismo para su papel en Bridget Jones: tuvo que coger más de un kilo, aunque parece que la actriz no está dispuesta a sacrificar más su línea por el personaje (o eso ha declarado en alguna ocasión).
También encontramos el caso de transformación "¡ay, si da grima verlo!". Me refiero a Christian Bale en El Maquinista. Lo habia visto antes en pelis como American Psycho. Luego lo vi luego en esta , y pensé "que no me engañen que este tío no es el mismo" porque a mi Christian Bale antes no me daba grima precisamente. O como Nicole Kidman: ¿en qué se parece físicamente la actriz con su personaje de Las Horas? El cambio fue de ¡narices! Lo de Cameron Díaz en Cómo ser John Malkovich no sé hasta que punto tiene mérito. Es cierto que está irreconocible, pero Cameron igual sale fantástica, maravillosa y estupenda que un día te encuentras con una foto de ella y dices "hija, hoy mejor que no te hubieses puesto delante de una cámara".
Desgraciadamente, en muchos casos de transformaciones lo más loable de la interpretación de estos actores es sólo que engordaron tantos kilos (así de triste). Actores guapos parece que hasta que no "hacen de feos" no ganan prestigio. Sinceramente a mí que Brad Pitt quiera ganarlo envejeciendo casi 20 años en su película, The Curious Case of Benjamin Button, me trae sin cuidado (siempre tendré grabada su imagen en Thelma & Louise). Y, finalmente, hay actores que se aficionan a este del cambio de look y van apareciendo constantemente en diferentes papeles con desagradable o extravagante guisa (rezo todos los días al niño Jesús para que no sea el caso de Brad) .
¿Cuál de todas estas transformaciones físicas de actores te ha impresionado más?