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Artículos - septiembre 2008

# jueves, 11 de septiembre de 2008 23:55

Hugo Silva, un guapo que va de feo

Si alguien pensaba ir al cine a ver la película española Agallas -cuando acabe de rodarse, claro, y se estrene en nuestras pantallas- simplemente por el hecho de que en su reparto figurará el nombre de Hugo Silva, y con la única pretensión de disfrutar de su impresionantemente impresionante aspecto físico... mejor que se le vaya quitando la idea. No es precisamente guapo, como aparece el actor español en esta cinta que ahora se está rodando en tierras gallegas. Las fans del actor no van a quedar muy contentas cuando vean de qué guisa le han puesto para interpretar a Sebas, un joven recién salido de la cárcel, sin sentimientos al que sólo mueve el egoísmo.

Si nos fijamos un poquito en la foto no hay duda de que no aparece exactamente de la misma forma a que estamos acostumbrados a verle en la pequeña pantalla en el papel que intepreta en la serie de El Comisario (perdón, Los hombres de Paco... ¿hay mucha diferencia?). Si eres de las que aprecia más en él su físico que sus dotes intepretativas, te aconsejo que te ahorres el dinero de la entrada y enciendas la caja tonta. Mucho más barato y más gratificante (¡dónde va a parar!).

Y es que es lo que tiene ser actor que a veces hay que engordar, adelgazar, ponerse cachas, afearse,... en fin, cambiar completamente su look habitual...  todo por exigencias del guión. Y cuando el resultado final es a peor, los perjudicados finales son los fans de la estrella en cuestión. Y es que resulta que tener un atractivo de impresión para una comedia romántica da que ni pintado, pero para otro tipo de géneros (más realistas) e historias no cuadra tanto. Así que algunos actores y actrices tienen que transformarse físicamente hasta el punto de llegar a ser irreconocibles o, como mínimo, no parecernos tan atractivos como en una portada de Vogue o Vanity Fair (donde suele producirse el proceso es inverso, por obra y gracia del Photoshop).

Esto de transformarse por completo para meterse en la piel de un papel parece que se lleva más en el cine americano que en el nuestro. Los cambios a peor impresionan a los de la Academia de Hollywood, porque no hay nada como engordar o descuidarte el físico para que te nominen a los Oscar. Sirva la estatuílla de recompensa, porque en muchas ocasiones el cambio lo consiguen no con pocos sacrificios... o sí (en fin, que me digan a mi que someterse a horas de maquillaje es un gran sacrificio; pues relativamente y según con lo que se compare).

Para espectadores desinformados puede resultar un chasco. Por ejemplo, contemplas el reparto de Syriana, intérpretes: George Clooney. Y te dices "nada, a alegranos un poquito la vista viendo al guapo de Clooney". Llegas a la sala y Clooney sale en alguna escena ligerito de ropa, sí... pero con una loooorza considerable. Y te preguntas: pero este hombre, ¿qué ha estado comiendo durante meses? ¿lo mismo que su (fallecido) cerdo Max o qué? En fin, que para ver eso ya tienes la barriga cervecera de tu novio todos los días (o todos los sábados-sabadetes, que luego entre semana cuando a tí no te duele la cabeza, él está muy cansado).

Caso contrario al de Clooney (que lo veo con la pinta de Syriana en una playa de Benidorm y ni reparo): los kilitos de más no le sentaron tan mal a Will Smith en Ali -donde daba vida al boxeador Mohamed Ali-, 20 kilos exactamente de "todo músculo". Siguiendo con la adquisición de kilos, encontramos a la "actriz globo": Renée Zellweger tiene que engordar cada vez que tenemos nueva entrega de El diario de Bridget Jones. El dietista de la Zellweger debe volverse loco con su sucesión engordo-adelgazo-engordo-adelgazo: en Chicago la adivinábamos una tallita 38.

Otra: Charlize Theron en Monster. Piensas: "espero que hagan honor al título y la hayan dejado realmente como un auténtico monstruo". Y te vas con tu novio al cine para que  vea que la tía esa no es tan guapa como la sacan en el anuncio de Dior y como para que la tenga de fondo de pantalla. Pues, hombre, como en el anuncio del perfume no está, pero tampoco es que haya engordado como una foca, está un poco más rellenita (como la media) y punto. Renee Zellwegger, hizo lo mismo para su papel en Bridget Jones: tuvo que coger más de un kilo, aunque parece que la actriz no está dispuesta a sacrificar más su línea por el personaje (o eso ha declarado en alguna ocasión).

También encontramos el caso de transformación "¡ay, si da grima verlo!". Me refiero a Christian Bale en El Maquinista. Lo habia visto antes en pelis como American Psycho. Luego lo vi luego en esta , y pensé "que no me engañen que este tío no es el mismo" porque a mi Christian Bale antes no me daba grima precisamente. O como Nicole Kidman: ¿en qué se parece físicamente la actriz con su personaje de Las Horas? El cambio fue de ¡narices! Lo de Cameron Díaz en Cómo ser John Malkovich no sé hasta que punto tiene mérito. Es cierto que está irreconocible, pero Cameron igual sale fantástica, maravillosa y estupenda que un día te encuentras con una foto de ella y dices "hija, hoy mejor que no te hubieses puesto delante de una cámara".

Desgraciadamente, en muchos casos de  transformaciones lo más loable de la interpretación de estos actores es sólo que engordaron tantos kilos (así de triste). Actores guapos parece que hasta que no "hacen de feos" no ganan prestigio. Sinceramente a mí que Brad Pitt quiera ganarlo envejeciendo casi 20 años en su película, The Curious Case of Benjamin Button, me trae sin cuidado (siempre tendré grabada su imagen en Thelma & Louise).  Y, finalmente, hay actores que se aficionan a este del cambio de look y van apareciendo constantemente en diferentes papeles con desagradable o extravagante guisa (rezo todos los días al niño Jesús para que no sea el caso de Brad) .

¿Cuál de todas estas transformaciones físicas de actores te ha impresionado más?

# miércoles, 10 de septiembre de 2008 11:25

¿Sufre Bardem en silencio nuestra estupidez?

Llegó Bardem y se armó el Belén. Pues sí, ya la volvemos a tener montada con “nuestro actor más internacional”. No hay manera de que las aguas vuelvan a su cauce. Y es que el tira y afloja de Javier Bardem con los medios (y el público) españoles parece un culebrón sin final. Primero fueron los malos entendidos a propósito de su supuesto año sabático, que si la presión mediática a propósito de los Oscar, que si acusaciones de prepotencia y divismo, y para rematar el asunto la persecución y la paranoia hacia y por parte de la pareja Bardem-Penélope. Pues bien, cuando parecía que se acercaba el gran momento de la reconciliación (la presentación de Vicky Cristina Barcelona en el Festival de San Sebastián), todo ha vuelto a saltar por los aires por culpa de unas declaraciones de Bardem a The New York Times en las que acusa a los españoles de ser “un montón de estúpidos”.

 

Pero la historia no termina ahí, porque después de conocerse el artículo, Bardem se ha apresurado a hacer público un comunicado en el que asegura que sus palabras fueron mal interpretadas. ¿Qué pensáis de todo esto? ¿Estamos realmente ante un caso de confusión lingüística? ¿O se trata más bien del arrepentimiento después de una rabieta? El caso es que el artículo del prestigioso periódico norteamericano es claro y rotundo. Allí, Bardem descarga su ira contra lo que le parece una injusticia. "Los españoles son duros. Critican mi trabajo y dicen que me he vendido. En esos momentos a uno le gustaría decirles: 'Parad. Sois un montón de estúpidos'. Pero está claro que no le puedes gustar a todo el mundo". Además, el actor confiesa la confusión que sintió a su vuelta a España después de alzarse con el Oscar al mejor actor secundario por su papel en No es país para viejos: "Tras recibir el premio regresé a Madrid. Necesitaba volver al mundo real. Después de algo como los Oscar, cambias un poquito, pero los que te rodean cambian tremendamente. Tienes que recuperarlos, demostrarles que eres el mismo chaval estúpido y limitado de antes, y no esa especie de chico de oro".

 

Finalmente, el actor ha achacado la contundencia de sus palabras a una “mala interpretación” de las declaraciones. En un comunicado remitido por su representante en España, Bardem se ha apresurado a recalcar su "profundo respeto y agradecimiento" a la gente de España. Para el actor, "lamentablemente", su "verdadero mensaje e intención" no llegó con "nitidez y detalle" debido a "problemas de comunicación lingüística y dificultades idiomáticas", aunque eludió criticar la profesionalidad de la periodista firmante del artículo. El comunicado afirma: "quiero aclarar que nunca insulté a la población española. El indudable buen carácter y profesionalidad de la entrevistadora Lynn Hirschberg fueron simplemente victimas de una interpretación totalmente errónea de mi declaración". Una auténtica pirueta diplomática en la que sólo queda mal parado un "un pequeño grupo de personas” que según el actor constantemente ataca su carrera e "insulta" a su persona "indiscriminada e independientemente de lo que haga o diga".

 

Siguiendo con la aclaración, Bardem apunta que "Muy al contrario de lo que se ha dicho, yo siento un profundo respecto y agradecimiento hacia la inmensa mayoría de la gente  de mi país. Su apoyo y cariño me han ayudado a crecer en mi profesión. Me siento orgulloso de mi país y, con mi trabajo, he intentado siempre contribuir a su cultura dentro y fuera de España, y honrar mis raíces". Y finalmente remata: "Por eso me duele especialmente que alguien pueda pensar que yo he dicho semejante agravio contra la misma población por la que siento tal respeto, admiración y agradecimiento".

 

Lo cierto es que el asunto no podría estar más caldeado y es una auténtica incógnita cómo será recibido el actor en el Festival de San Sebastián, evento al que Penélope Cruz ya ha anunciado que no asistirá, por encontrarse con los ensayos del musical Nine. ¿Qué pensáis de todo este sarao? ¿Os convencen las disculpas presentadas por Bardem o pensáis que el actor ha caído víctima de su propia paranoia? ¿Creéis que todo el embolado de los últimos meses ha dañado de forma definitiva la imagen del actor en nuestro país? ¿Pensáis que el actor se está cerrando puertas en la industria española? ¿Y qué hay del público, de vosotros? ¿Qué os parece todo este culebrón? ¿Qué pensáis de la rabieta y el arrepentimiento de Bardem?

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