¿El amor dura para siempre? No sabemos, más bien parece que pruebas científicas demuestran todo lo contrario. Y más si se habla de Hollywood, donde las bodas y divorcios entre actores y actrices están al orden del día. Sino que se lo digan a Guy Ritchie y Madonna que acaban de terminar con su relación matrimonial hace poco. Como ellos lo saben (que el amor puede acabarse en cualquier momento), qué mejor que cubrirse las espaldas para que llegado el caso (esto es, el divorcio) todo esté atado y bien atado previamente y ¡por contrato! (para que luego ninguno de los contrayentes diga que no sabía a lo que se atenía).
Madonna y Guy no son los primeros de los que tenemos noticia que tenían un cotrato matrimonial firmado por el que ambos se comprometían a ciertas obligaciones. Si bien es cierto que el suyo nos ha sorprendido más de lo normal por las 'peculiares' obligaciones a las que se comprometían, (más bien a las que se comprometía Guy con la reina del pop) ya que no se trataba tan sólo de cuestiones económicas. Por lo visto, en el contrato se recogía que él no la podía gritar a ella y, además, le obligaba a dedicar un determinado tiempo a mantener relaciones sexuales. Más que sorprendentes claúsulas. Al parecer la pareja firmó este contrato hace dos años, cuando, en plena crisis matrimonial, decidieron acudir a un consejero para dirigir su relación. Allí fue cuando establecieron estas condiciones que ha revelado recientemente el periódico inglés The Sun.
Otra de las condiciones que le imponía Madonna a Guy, y que evidentemente, fue aceptado por él mismo, era que debía ‘trabajar para enriquecer el bienestar emocional y espiritual de su mujer’ y centrarse en la ‘expresividad sexual’ de la pareja. Así, Guy debía ser el que volviera a encender la llama de su pasión sexual. En el plano religioso el cineasta estaba obligado a leer con su mujer varias veces a la semana algunos textos de la Cábala. En fin, que eso más que una relación natural y espontánea parecía un contrato de trabajo basura. El diario ha publicado que la firma del acuerdo fue de mutuo acuerdo (yo me pregunto si Guy no andaría un poco borracho cuando lo firmó, porque de otra forma no me lo explico). Y, por lo visto, cuando Guy se quejaba de algo, Madonna le recordaba: ‘El contrato, Guy, el contrato’.
Otras celebrities firman el contrato no una vez contraído el matrimonio sino antes de que se celebre la boda. Es el caso de parejas como Michael Douglas y Catherine Zeta-Jones, Tom Cruise y Katie Holmes o Nicole Kidman y Keith Urban. La mayoría de estos contratos se aseguran de que si la relación se va al traste no pasará lo mismo con la economía de alguno de los contrayentes (en beneficio de la otra parte).
Douglas y Zeta-Jones fueron de las primeras parejas de Hollywood que hicieron púbico su contrato prenupcial según el cual Catherine Zeta-Jones se embolsará entre dos y tres millones de dólares por cada año que permanezca casada con el actor Michael Douglas. Incluso en el prenupcial existe un cláusula sobre fidelidad. En caso de que Michael le pusiese los cuernos a Catherine, ésta recibirá cinco millones de dólares más, además de conservar el anillo de compromiso cuyo coste fue 3,3 millones de dólares. La verdad que Zeta-Jones no parece que vaya a perder mucho en caso de la llama del amor existente entre la pareja se acabe apagando.
Tom Cruise y Katie Holmes por su parte, son los protagonistas del prenupcial más elevado: la actriz recibirá tres millones de dólares por cada año en que permanezcan casados, una mansión espectacular ubicada en Santa Bárbara, California, y 25 millones de dólares por cada hijo biológico del matrimonio. También tienen una claúsula 'anti-cuernos' por la cual según el cual la parte que sea infiel tendría que pagarle cinco millones de dólares a la otra parte (la damnificada).
Los que no se quedan atrás son Nicole Kidman, ex de Tom, y Keith Urban. Se prometieron amor eterno, pero ambos tomaron sus ciertas precauciones (por si no fuera tan eterno como pudiera parecer al principio). El cantante country es el mejor parado: recibirá 600.000 dólares por cada año en que la pareja conviva, aunque con la condición de que no puede recaer en el uso de las drogas, un problema que ya padeció en el pasado y que lo obligó a internarse en una clínica de rehabilitación.
Si, por si acaso, el amor no fuera para toda la vida, nada como firmar un contrato matrimonial. Romántico no es mucho, pero práctico si parece si no quieres ser una estrella que se queda en bragas en medio de Hollywood.