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# martes, 17 de febrero de 2009 16:23

¡Se han vuelto locos!

A veces leo en la prensa los extraños actos de los que son capaces los actores y pienso... ¡por dios, han chiflado! Me pregunto, si eres actor ¿tienes más papeletas para que se te vaya la pinza? O simplemente tienen igual tendencia que el resto de mortales a hacer chaladuras, sólo que las suyas tienen mayor repercusión. Yo creo que locuras las hacemos todos, o todos chiflamos en un momento dado de nuestras vidas. Si bien es cierto que, los actores 'chiflan un poquito más' o viran más hacia el excentricismo en sus locuras.

Drew Barrymore confirmaba en alguna ocasión que le gusta hacer locuras porque la hacen sentir libre, como correr desnuda por los campos de trigo de Irlanda. La actriz estadounidense, tras haber alcanzado los treinta años y superado una infancia agitada, parece sentirse viva y disfrutar de a sensación de libertad con estas salidas de tono. Drew alcanzó la fama de niña por su papel en 'E.T., el extraterrestre' y, por increíble que parezca, a los trece años entraba por primera vez en un centro de rehabilitación para tratar sus adicciones, a los 15 trabajaba en una cafetería de Hollywood. Afortunadamente ha sabido y podido reencaminar su carrera como actriz.

Señalar, sin embargo que, con este post no intento hablar de las típicas excentricidades que tienen las estrellas; tampoco de momentos contados y excepcionales de locura (bueno, alguno mencionaré) producidos por el consumo de alcohol y otras sustancias (drogas, sí). Más bien intento hacer un repasillo por comportamientos que salen de lo considerado normal desde todo punto y actitudes generales ante la vida poco habituales. Dignas de ser cuestionadas y aparecer en la prensa. Formas de afrontar la vida o de encaminar una carrera que, cómo mínimo, dejan al público bastante sorprendido y que en muchas ocasiones están a punto de destruir las trayectorias profesionales de los propios actores.

Lo he estado pensado últimamente a cuento de Joaquin Phoenix. ¿No os parece que algo raro le está pasando a este hombre? O esnifa demasiado pegamento o lo suyo no es normal. Primero anuncia su retirada del mundo de la interpretación para dedicarse de lleno a la música en un acto benéfico. Hasta aquí todo más o menos normal, si bien es cierto que ya anunció su retirada cuando murió su hermano, el actor River Phoenix, y luego mira... Lo cual resta credibilidad a sus declaraciones.

Poco después el actor quiso despedirse del cine de una manera, cuanto menos, original: En la presentación de la película 'Che, el Argentino', paseó por la alfombra roja junto a un inseparable cigarrillo y una botella de plástico con un líquido sin determinar, con las palabra 'good bye!' (adiós) escritas en sus nudillos. El problema fue que se equivocó en el orden y lo que podíamos leer fue 'bye! good'. Gracioso. Pero más gracioso ha sido una de sus recientes actuaciones como rapero, su nueva profesión. El actor, perdón, el rapero, en una actuación más que lamentable acabó cayéndose de la tarima encima de la que estaba demostrando sus aptitudes para el arte de rapear.

La preocupación por la salud mental de Joaquin Phoenix ha crecido a raíz de su bizarra intervención en el programa de David Letterman. Lucía en la entrevista un 'look' despeinado y sucio, aderezado con unas oscuras gafas de sol, mientras Letterman trataba de encauzar una entrevista en la que el entrevistado se mostraba molesto y confuso, y cuyas palabras se diluían en un murmullo. Cuando el presentador le preguntaba sobre su nuevo aspecto y si se sentía cómodo con su barba, éste contestaba: '¿Qué quieres decir? No tengo ningún problema con mi barba, pero ahora has hecho que me sienta raro al respecto'. En fin, nada de lo que hace Joaquin Phoenix últimamente parece muy normal, incluido que durante la mencionada entrevista se sacó el chicle que masticaba en la boca y lo pegó bajo la mesa de Letterman.

Otro actor del que se habla mucho estos días, por su resurgimiento gracias a su papel en 'El luchador', es Mickey Rourke. El protagonista de 'Nueve semanas y media' pasó, sin embargo, por su particular calvario durante varios años y tuvo una 'memorable' una bajada a los infiernos. Tras protagonizar varias cintas de éxito en la década de los 80, Rourke decidió apartarse de todo lo que sonara a comercial, lo que unido a sus fanfarronadas varias y su desequilibrada vida personal provocó que se conviertiera en un actor marginal cuyas películas iban directamente a las estanterías de los video-clubs. Para rematar, entre 1991 y 1995 retomó su carrera como boxeador. Rourke desapareció para Hollywood y apareció Marielito, su nombre como púgil, sobre el cuadrilátero. Acabó perdiendo a su esposa, su carrera y su casa. Finalmente abandonó este deporte por recomendación médica.

A pesar de que parece haber vuelto a la vida cinematográfica, Rourke, definitivamente, se ha quedado un poco tocado. El actor ha pretendido volar con 36 kilos de zapatos, 40 pares, razón por la cual fue detenido antes de embarcar en un vuelo Londres-Nueva York.

Es Bela Lugosi, Drácula en las pantallas, el actor que más representa el paradigma de actor que ha perdido de la cabeza. En su caso la locura se puso de manifiesto cuando por su comportamiento parecía que su personaje se adueñaba de su propia personalidad. Lugosi acabó sus días creyéndose que era un vampiro, convencido de ser el mismísimo conde Drácula. Ha llegado a transcender, incluso, que dormía en un ataúd y que dispuso ser enterrado de tal guisa cuando falleciera.

Robert Downey Jr. y Winona Rider tampoco tuvieron comportamientos muy normales en una determinada época de sus vidas. El primero fue detenido por exceso de velocidad, y dentro del coche que conducía se encontró marihuana, cocaina, heroina y crack, (una farmacia entera, vamos) asi como una pistola (descargada, eso sí). Días después vuelve a ser arrestado por un bochornoso incidente ocurrido en su vecindario: ebrio y bajo la influencia de diferentes sustancias, confundió la casa de sus vecinos con la suya y cayo desplomado en una de las habitaciones de la vivienda. Su caso fue un verdadero escándalo en EE.UU. ¿Perdío la cabeza? Supongo que las drogas tuvieron bastante que ver en todo esto.

Por su parte, Winona Ryder se deslizó por el peligroso sendero de la cleptomanía, protagonizando un incidente (un robo, hablemos claramente) en una exclusiva tienda de Beverly Hills, por el que fue detenida y, como no, trascendió a nivel público. Desde entonces su fama de ladrona es casi mayor que la de actriz y la acompaña allá donde va. Cada X tiempo sale la noticia: 'Winona vuelve a robar...'. La más reciente sucedió cuando desaparecieron unas joyas que le habían prestado para una glamorosa fiesta de la revista Marie Claire. La primera a la que señalaron todos los dedos fue, sin duda, ella.

La ahora aparentemente normal Angelina Jolie no lo era tanto cuando compartía su vida con Billy Bob Thornton.  Ahora sus excentricidades 'se limitan' a ir adoptando niños o decidir irse a Namibia a dar a luz a su hija Shiloh Nouvel, todo para resguardarla del asedio de la prensa (no había otra forma). En otra época la vida y actitudes de Angelina rozaban con lo esotérico: cuando se casó con Billy Bob, ambos intercambiaron unos colgantes en forma de frasquitos que contenían sangre de cada uno, una vez separados ella le exigió que le devolviera el que contenía su sangre para que no se viese tentando de hacerle vudú. Su desmesurada afición o más bien adicción a los tatuajes tampoco a pasado desapercibida (los tiene por todo el cuerpo, aunque algunos los ha acabado eliminando).

Hubo un tiempo en que Mel Gibson parecía un loco suelto en Hollywood: entre su alcoholismo y su antisemitismo mal disimulado unido a su ultra-catolicismo recalcitrante... Curiosa mezcla de actitudes por las que a nadie le hubiese sorprendido que acabase ingresando en una orden religiosa o secta. El mito del loco Mel empezó a al hacerse público que fue arrestado por conducir completamente ebrio, estado en el que realizó ciertos comentarios antisemitas. El incidente trascendió hasta tal punto que en un episodio de 2004 de South Park sobre La Pasión de Cristo lo pintaba como un chiflado fanático que rebota contra las paredes en ropa interior y chilla.

Sobre el caso de Lindsay Lohan sobran comentarios, ya que la prensa da, día sí, día no, noticia de sus extrañas andanzas. Y si queremos un ejemplo en el cine español de lo que significa chiflar sólo hay que fijarse en Andrés Pajares.

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