Está a punto de estrenarse en España la última película de Eastwood como director, Invictus, que cuenta la historia de cómo Nelson Mandela cambió su país, Sudáfrica, a través del Campeonato Mundial de Rugby en el año 95. La película está basada en el libro El factor humano, de John Carlin.
El cineasta Eastwood, como suele ser habitual, consigue, con una sencilla realización -aunque con muchos medios- y un magnífico personaje protagonista -un soberbio Morgan Freeman 'mimetizado' en Mandela-, transmitir un emocionante discurso de perdón y solidaridad a través de la épica victoria de la selección nacional sudafricana de rugby en aquel campeonato. Una magnífica metáfora deportiva de lo que se puede conseguir en la vida, con energía y voluntad. Como el mismo Mandela/Freeman dice, cada uno somos los 'amos de nuestro destino', y así él, con decisión, consiguió unificar y 'crear' una nación.
Al mismo tiempo que Clint Eastwood vuelve a demostrar que es un enorme realizador, leemos en El País que aparece una reedición de una durísima biografía escrita y actualizada por Patrick McGilligan, en la que Clint es el feo y el malo... pero nunca el bueno. Autor alabado, pero criticado mucho como ser humano, como persona. Parece increíble, ya que en muchas de sus películas demuestra una humanidad fuera de toda duda.
Con 79 años, Clint Eastwood es uno de los grandes nombres del cine mundial, un actor muy taquillero hace dos décadas, con 32 películas como director -ya está rodando un thriller sobrenatural llamado Hereafter-, respetado por todos, una auténtica leyenda del cine, autor de películas como El jinete pálido, El sargento de hierro, Bird, Cazador blanco, corazón negro, Sin perdón, Los puentes de Madison, Un mundo perfecto, Medianoche en el jardín del bien y del mal, Mystic river, Million dollar baby, Cartas desde Iwo Jima y Gran Torino, por mencionar sólo las mejores.
Pero su comportamiento a la hora de trabajar no es precisamente ejemplar. Así lo asegura este libro, que, además, le tacha de mentiroso, mujeriego y tacaño, entre otras lindezas. Su impresionante físico -192 centímetros-, sus músculos y su imán con las mujeres le abrieron las puertas de Hollywood a un intérprete mediocre. Y a los amigos parece que les trata igual que a las mujeres: los utiliza y después los abandona. Pero, aún así, consiguió hacerse un hueco en la industria, con el éxito inesperado de la famosa trilogía de los spaghetti western de Sergio Leone.
La opinión del autor de esta biografía es contundente: ''Nunca ha logrado el Oscar como actor, aunque sí como productor y director, por Sin perdón y Million dollar baby. Como actor es limitado, y ha buscado trabajar con directores que no le han llevado al límite. Como realizador, es extremadamente competente y tiene visión. Pero nunca ha escrito nada, y rueda con lo que le cae en las manos, jamás revisa un libreto. No guía a los actores, le suele valer la primera toma y todo lo rodado suele estar en pantalla. No me parece que ésos sean los mimbres de un genio del cine. Me interesa más como actor-autor que como director, pero en esta faceta crece día a día''. E Invictus es una prueba de ello.
Descrito por Carlos Boyero, crítico de cine, como ''alguien que puede contar las historias más complejas y los sentimientos más intensos con la sencillez, la capacidad de sugerencia, la inquietud, el lirismo bronco y la fuerza expresiva de los clásicos'', parece que su caracter se acerca al de su personaje en la estupenda Gran Torino, como si hubiera interiorizado el espíritu del detective Harry Callahan -el Sucio-. O quizá ya fuera así, y haciendo de Harry no actuó, sino que ya era. Como apunta McGilligan: ''Clint Eastwood se ha convertido en la personificación misma de Estados Unidos, y no siempre de sus mejores valores''.
¿Es Clint Eastwood un genio o un cascarrabias con suerte?