Los miedos, las fobias y las obsesiones han estado siempre a la orden del día en Hollywood, según explica Hollie McKay en su artículo para la web de Fox News. Se sabe que Alfred Hitchcock sufría “ovofobia” y se ponía de los nervios ante la presencia de un inofensivo huevo. La diferencia es que las estrellas de hoy en día parecen haber perdido el miedo a reconocer sus imperfecciones, aunque eso las haga parecer un tanto neuróticas.
Para empezar, probablemente no os resulte difícil identificaros con Johnny Depp o Sean “Diddy” Combs en su fobia a los payasos. La “dolencia” lleva el nombre de coulrofobia y la conoce bien todo aquel al que se le ponen los pelos de punta ante la posibilidad de ver la película It o de cruzarse con Ronald McDonald. Mientras promocionaba Sleepy Hollow, Depp les contó a un grupo de periodistas: “Hay algo en la cara pintada, la falsa sonrisa. Siempre parece haber algo oscuro tras esa inocente superficie”.
Otras fobias comunes en Hollywood, tierra de urbanitas, tienen que ver con la vida campestre. Según Sky News, Orlando Bloom luce como un valiente corsario en la saga de Piratas del Caribe pero probablemente saldría corriendo ante la presencia de un cerdo. Por su parte, el cantante Lyle Lovett (antigua pareja de Julia Roberts) le tiene pánico a las vacas.
“Mucha gente le tiene un miedo particularmente intenso a los animales”, comenta la “sanadora espiritual” Janet Mullins, “aunque lo que es más común son las fobias a los insectos”. En esta materia, encabezan la lista de fóbicos Scarlett Johansson, que se pone enferma si ve una cucaracha; Nicole Kidman, que le tiene pánico a las mariposas; y Justin Timberlake, al que la sola idea de estar en la misma habitación que una serpiente le quita el hipo.
Los espacios cerrados (y abiertos) son otro clásico de las fobias de Hollywood (y del resto del planeta). Para claustrofóbicas, Uma Thurman. Según la actriz, para la escena de Kill Bill: Vol. 2 en la que aparecía enterrada viva, “no tuve que actuar, los alaridos eran reales, fue horrible”, admite la actriz. Por su parte, Kim Basinger y Daryl Hanna son agorafóbicas.
“En ocasiones, resulta irónico cómo la estrellas le tienen miedo a cosas que han tenido que atravesar en sus carreras actorales”, comenta Mullins. Así, uno pensaría que a Pamela Anderson le encanta mirar su reflejo; sin embargo, la chica le tiene pánico a los espejos. Muy retorcido. Y la cosa se complica más cuando nos enteramos que otra de las reina de Vigilantes de la playa, la neumática Carmen Electra, en realidad no sabe nadar y le tiene miedo al agua.
Luego tenemos el caso de Sarah Michelle Gellar, a la que, a pesar de trabajar durante años en una serie en la que debía combatir a vampiros (Buffy, la cazavampiros), le ponen de los nervios los cementerios. De hecho, tuvo que construirse uno en estudio porque la chica se negaba a rodar al lado de tumbas reales.
Por su parte, Keanu Reeves le tiene miedo a la oscuridad, mientras que a Madonna, a pesar de haberle dedicado una canción a la lluvia (Rain), la aterrorizan los truenos. Siguiendo con figuras del pop, la cantante Kelly Osbourne tiene un problema con el contacto físico. Su hermano Jack le contó al diario sensacionalista británico que “todo lo que tienes que hacer es tocarle la espalda y se le pone toda la piel de gallina”.
Otro caso delicado es el de Chistina Ricci, a la que no le debió ser fácil rodar en los bosques de Little Red Riding Hood (la versión de Caperucita roja de 1997) ya que la actriz le tiene fobia a las plantas (botanofobia es el nombre de la dolencia). Además, Ricci también le tiene miedo a las piscinas. Al parecer, teme que un tiburón pueda emerger del fondo en cualquier momento.
Mientras, lo que le da mal rollo a Matthew McConaughey son los túneles y las puertas giratorias. Por su parte, el miedo a volar (uno de los más extendidos) es compartido por Jennifer Aniston, Cher, el difunto Michael Jackson y Whoopi Goldberg. Todos ellos son aviofóbicos. “Una gran cantidad de celebridades le tiene miedo a volar, lo cual no es un problema menor teniendo en cuenta que su trabajo se lo exige de forma periódica”, explicaba el actor Robert De Niro, “además, los ataques del 11 de septiembre en Nueva York acentuaron esos miedos”.
Por su parte, Jesse Blanco, director y productora de televisión residente en Los Angeles, explica que la presión de estar constantemente apareciendo en público causa problemas a muchas estrellas. “Cuanto más famosos, más inseguridades”, afirma Blanco. La teoría se ratifica si observamos a estrellas como Billy Bob Thornton, el ex-marido de Angelina Jolie, que no sólo le teme a los aviones, sino que es cromofóbico (le tiene miedo a los colores claros) y además le dan mal rollo los muebles antiguos. El protagonista de Bad Santa se niega a dormir en habitaciones en las que halla muebles anteriores a 1950.
Otra cima de la neurosis la encontramos en David Beckham, que es ataxofóbico, lo que significa que le tiene pavor al desorden. El hombre no soporta ver conjuntos de ropa con los colores mal coordinados y las latas de bebida de su nevera tienen que estar perfectamente organizadas. Incluso se compra la ropa para que combine con sus muebles.
Parecería que el caso de Beckham es insuperable, pero entonces aparece la legendaria figura de Woody Allen, el rey de los fóbicos. El hombre tiene serios problemas con los insectos, los amaneceres, los perros, los colores claros, los niños, las alturas, las habitaciones pequeñas, las aglomeraciones, el cáncer y cualquier lugar del mundo excepto Manhattan. O quizás un diagnóstico más sencillo sería decir que Woody Allen no se permite a sí mismo pasarlo bien. De hecho, el título original de Annie Hall era Anhedonia, la imposibilidad de sentir placer.
La pregunta aquí es: ¿puede una fobia perjudicar la imagen pública de una estrella? “Si el problema es serio, sacarlo a la luz pública tiene sus riesgos”, explica Robert De Niro. “Corres el peligro de que la gente se fije más en tus fobias que en tu talento. Por otra parte, cuando una estrella admite un temor, eso demuestra su vulnerabilidad, algo que suele provocar empatía, algo que gusta a los fans”. Llegados a este punto, se hace comprensible que, junto a un publicista y una Blackberry, toda estrella necesite a su psicólogo particular: “Con la ayuda adecuada, todo el mundo puede superar una fobia”, explica De Niro. “Cuando empieza a interferir en tu día a día es cuando debes buscar ayuda profesional”, remata el actor.
Un caso notable es el de la supermodelo y ahora presentadora de televisión Tyra Banks. En uno de sus programas, se fue al Sea World de San Diego para intentar superar su miedo a las marsopas y los mamíferos marinos. Entre lágrimas, la actriz reveló ante las cámaras: “El miedo no se ha ido. Le he superado un poco, pero todavía vive dentro de mi”.
En el fondo, es probable que Banks no sea una excepción, sino la regla en Hollywood. “Todo el mundo está un poco loco”, afirma Mullins, “especialmente en el mundo del espectáculo. Si quieres encajar, tienes que estar un poco loco”.