Las 'celebrities' de la industria no dejan de sorprendernos. En una situación como la actual, en la que muchas personas tienen verdaderos problemas para llegar a fin de mes, las estrellas de Hollywood demuestran con su comportamiento que no son como el resto de los mortales. Al menos, en cuanto a sus posibilidades monetarias.
Esta reflexión viene dada por el último capricho de una de las parejas de actores más envidiada y más mediática del cine: Brangelina. Y es que hemos sabido que Angelina Jolie le ha regalado a su próximo marido y padre de sus seis hijos, Brad Pitt, un... ¡helicóptero! Claro que él le regaló hace poco un impresionante anillo de compromiso de oro y diamantes.
A finales del año pasado, otra estrella del firmamento cinematográfico
nos sorprendió con un 'caprichazo' de los suyos, que al común de los
mortales nos parece una excentricidad, propia de personas que no viven
en nuestro mundo. Johnny Depp se procuró un jet
privado para poder fumar. Bueno, no sólo para eso, también lo tiene
para tener un poco de privacidad, porque en los vuelos comerciales
llama demasiado la atención.
Parece que, en la mayoría de estos
casos, los términos 'divo' y
'excentricidad' van inevitablemente unidos. No son pocas las veces que
las 'manías' de los actores y actrices -tanto las que
mantienen en los rodajes como en su vida privada- trascienden a los
medios de comunicación y al público en general. Ello para que acabemos
pensando, ¡y confirmando!, que no son iguales que el resto de mortales.
O, al menos, se permiten el lujo de no parecerlo. Sean ciertos o no
todos los "exagerados caprichos" que se cuentan de las estrellas de
Hollywood, la cuestión es que los rumores están ahí. Así que, ¿por qué
no hablar de sus rarezas y extraños rituales para
quedarnos boquiabiertos y ojipláticos, todo a la vez?
Volvemos con Angelina, una de las últimas compañeras de trabajo de Depp (en
'The Tourist'), que fue capaz hace varios meses de gastarse
140.000 euros en ropa en... ¡15 minutos!
Pero hay más: sus exigencias provocaron el
despido del empleado del hotel Ritz de Moscú. Resulta que la estrella de
Hollywood estuvo de visita allí para promocionar su película 'Salt'
y, antes de su viaje, prohibió expresamente que se tomaran imágenes
suyas en el recinto del exclusivo hotel
moscovita, donde se alojó con su familia en su visita a la
capital rusa. Bien, pues parece que a un empleado del hotel se le
ocurrió apretar la tecla
"rec" (grabar) de su teléfono móvil y fue despedido de forma
fulminante
por orden de Jolie y sin reservas por parte de la administración del
establecimiento, informó el diario digital "Life News". Además, para sus
pequeños, Jolie pidió previamente un menú especial, para lo que
obligó
a los empleados del restaurante del hotel a recorrer las mejores
galerías de alimentación de la ciudad.
Pero no es Angelina la única rarita de Hollywood a la hora de rodar
y exigir. Julia Roberts es otra de las actrices cuyas exigencias
son muy conocidas. Entre ellas destacan que sólo bebe agua mineral
"pero
no le gusta ver una botella de plástico porque no es biodegradable y
tampoco es amiga de la mayor parte de los productos para el cuidado
personal porque contienen aluminio nocivo para el ambiente". Además,
se dice que sólo se baña con agua mineral y que puede llegar a
suspender una película si las cañerías del set no están adaptadas
para que pueda hacerlo. En cuanto a la comida, exige que provenga de agricultura
biológica sin pesticidas u otros productos químicos tóxicos para el
ambiente o para la salud de los que la comen.
Russell Crowe también
la lió en el rodaje del 'Robin Hood' de Ridley Scott. Según ‘The Daily
Mirror', el actor pidió un helicóptero para trasladarse del lugar
de rodaje a la mansión en que se aloja, un capricho que supone un coste
de miles de dólares.Y no sólo eso. Al poco tiempo de comenzar el
rodaje, Crowe exigió una modernísima caravana perfectamente
acondicionada y con un gimnasio
donde ejercitarse entre toma y toma. Aunque esta última petición no
está del todo mal, si lo pensamos un poco, ya que fue precisamente su
condición física la causante de que Sienna Miller saliera de la
producción y fuera remplazada por Cate Blanchett, ya que se le
consideró una actriz más robusta.
Otro de
los grandes excéntricos de la meca del cine fue, a mi parecer, el
director y productor de cine Howard Hughes quien
ostenta el título de "rey de las excentricides en Hollywood". Según
parece, Hughes pasó los últimos días de su vida en habitaciones de
hoteles de lujo de todo el mundo, horrorizado ante la idea de entrar en
contacto con los gérmenes del mundo exterior; además, guardaba su orina
en botes, no se cortaba las uñas y usaba cajas de Kleenex a modo
de zapatos. Si todo esto es según se cuenta, el hombre era rarito, eso
no se puede negar.
Dicho esto de Hughes, difícilmente ninguna otra manía hollywoodiense
va a estar a la altura. Y no será porque no lo intentan actores como Tom
Cruise, de quien se cuenta que en el rodaje de El último Samurai
prohibió que todos los empleados que trabajaban en el set
le mirasen directamente a los ojos. Por lo visto, no es algo puntual,
sino que se trata de una manía repetida en varios rodajes como el de Misión
Imposible. Y una manía o fobia que contagió a otra estrella, Val
Kilmer. Otras
manías de Cruise son las de no ir nunca con teléfono móvil, no tener
dirección de correo electrónico y no llevar ni monedero con dinero
alguno, ni reloj. Es lo que tiene ser una mega-estrella, que ya pagas a
otros para que se encarguen de recibir tus llamadas, contestar tus
e-mails, decirte la hora cuando necesites saberla y pagar las
facturas... esas pequeñas contingencias de la vida cotidiana de las que
es mejor olvidarse (si puedes permitírtelo, claro). Él mismo ha
comentado en alguna entrevista que cuando se encuentra en épocas de
intenso trabajo tan sólo necesita dormir unas tres horas (si luego
rinde en los rodajes, él sabrá...).
Lo de Jeremy Irons
es algo más normal o extendido entre muchos de nosotros (aunque no
todos lo llevamos a ciertos extremos). Estoy hablando de la manía de la
limpieza. Ésta quedó al descubierto cuando, hace unos años, Irons se
encontraba esperando en el aeropuerto de Shannon mientras se dirigía a
su castillo en Cork (ambas localidades en el sur de Irlanda) y tuvo que
enfrentarse a un montón de suciedad en la espera. Ni corto ni perezoso,
el actor 'secuestró' el carrito de un limpiador que se encontraba cerca
y empezó a hacer su trabajo... ni Don Limpio lo hubiese dejado tan
reluciente como él hizo. "Las esperas en los aeropuertos son bastante
deprimentes y me sentí mucho mejor tras la limpieza", se
justificaba después.
Mientras que lo de Jack Nicholson más que una
mania, es un vicio sano: el de no perderse un partido de Los Angeles
Lakers. Hasta tal punto es fiel a esta afición que ha llegado a incluir
cláusulas en sus contratos por los que obligaba a hacer un descanso en
el rodaje cuando jugaba su equipo de baloncesto. La afición de Sean
Connery
no es el baloncesto, sino el golf, deporte que suele practicar
habitualmente, cuestión por la cual suele exigir rodar cerca de un
campo de golf. En cuanto a las aficiones de Errol Flyn
eran éstas bastante menos sanas y consistían en ingerir vodka en los
rodajes, con los consiguientes inconvenientes que ello conlleva (que se
lo digan a Lindsay Lohan); cuando se lo prohibieron, tuvo la genial
ocurrencia de inyectar la bebida en las naranjas que comía durante los
descansos. Antes de morir pidió ser enterrado junto a seis botellas de
vodka… por si acaso.
Las excentricidades de Angelina Jolie rozan con lo
esotérico: cuando se casó con Billy Bob Thorton, ambos
intercambiaron unos colgantes en forma de frasquitos que contenían
sangre de cada uno, una vez separados ella le exigió que le
devolviera el que contenía su sangre para que no se viese tentando de
hacerle vudú. Igual de curiosas, pero más inocentes, son las que se
cuentan de Woody Allen quien, por su incontrolable
miedo a la muerte y a los accidentes, duerme con los zapatos puestos
(?¿) y se toma la temperatura cada poco tiempo. ¿Será verdad? No
sabemos, pero desde luego que incómodo y poco práctico debe serlo.
En cuestiones gastronómicas se llevan la palma Gérard Depardieu,
que se cuela en las cocinas de los hoteles donde se aloja para copiar
las recetas de los chefs; Mel Gibson, que no come carne de pollo
porque cree que hace crecer pelo en el pecho, y Winona Ryder, que
sólo bebe refrescos de cola orgánicos.
Las rarezas de Jim Carrey conciernen más a sus
mascotas que a él mismo; el actor manda a su perro de forma habitual a
un masajista profesional para terapias caninas antiestrés (¡quién fuera
el perro de Carrey!). 
A la misma altura que los anteriores está Jennifer Lopez,
quien exigió el cierre de un centro comercial entero durante un día
para poder ir de compras sin que nadie le molestara y no tener que
esperar las incómodas colas en probadores y caja (ventajas de ser
estrella). Las manías de JLo no sólo se reducen a "estar a sus anchas"
en los centros comerciales, también se extienden a los hoteles. En
ellos se lleva sus propias sábanas porque no puede dormir en telas
hechas con menos de 250 hilos; suele pedir que cambien la iluminación
de la habitación del hotel si no es de su agrado; todo tiene que ser
blanco (paredes, mesas, sillas, flores, velas,...), y no puede haber
alimento alguno, como bombones o cualquier dulce, que puedan tentarla.
John Travolta es otro de esos actores que, como
bien le corresponde por pertenecer a la categoría de gran estrella de
Hollywood, no se priva de procurarse algún que otro lujo extraño. Por
lo visto, el actor nunca usa dos veces la misma camiseta en el rodaje
de una película. Manía a la que ha añadido otra de la que teníamos
noticia hace poco: para evitar los calores y las incomodidades del sol
durante el rodaje de la película Old Dogs, que rodó al lado de
Robin Williams, solicitó los servicios de una persona que hiciese las
funciones de "protector solar".
Reales o no estas chaladuras, lo cierto es que si alguien se puede
permitir este tipo de caprichos y rarezas -absurdas, en la mayoría de
los casos- son las estrellas de cine, porque a ellas todo se les
permite y porque las grandes fortunas que atesoran lo hacen posible.
Tambien es cierto que, afortunadamente, no todos los actores y actrices
de Hollywood son iguales, y suponemos que la mayoría son de manías más
de andar por casa, como el resto de los mortales.