
Si me lo preguntaran, no sabría qué responder: no, no tengo ni idea de cuántos CDs almaceno en casa. Llevo acumulando CDs desde principios de los noventa, comprados, tostados o regalados. Y antes de la implantación definitiva del formato compact disc, me dio tiempo a hacerme con algún que otro vinilo y casete (sí, ya no cumplo los veinte, qué se le va a hacer :-( Hace poco, un amigo estimó, a ojo de buen cubero, que había unos quinientos CDs, pero podrían ser mil o doscientos... Dejé de contarlos cuando rebasaron la decena.
A falta de vajilla de ajuar para exhibir en la vitrina del mueble del salón, mis CDs se apilan ahí divididos en cuatro bloques (la baldas interiores forman una cruz) más o menos temáticos, que son, grosso modo:
- Rock moderno y/o alternativo desde finales de los ochenta.
- Pop y rock "clásico" de los sesenta y los setenta.
- Electrónica, trip-hop y música en español (de aquí y del otro lado del Charco)
- Pop desde finales de los ochenta, bandas sonoras y otros géneros como jazz o country.
Por supuesto, en cada bloque he impuesto la clasificación alfabética a fin de localizar con rapidez cada CD, en especial cuando no llevo las gafas puestas y los cantos de las cajas se confunden unos con otros. Puede parecer un tanto psicótico, pero es una cuestión meramente práctica.
A veces pienso que he pasado de la melomanía al coleccionismo, lo cual es una clara involución. Empiezas adquiriendo música porque te gusta y casi sin darte cuenta desarrollas el Síndrome de Diógenes, aunque lo que amontonas no es basura, sino CDs. Esta compulsión por "arrejuntar" resulta tan insana como inútil porque, al final, no das abasto a escuchar tanto disco (pueden darse con un canto en los dientes si llegas a escucharlos una sola vez). Y hoy en día, gracias a las tarifas planas de Internet y las descargas a todo trapo vía BitTorrent o eMule, la situación empeora: miles de archivos de audio sin ejecutar ocupando espacio en el PC.
Expertos y/o enteradillos coinciden en pronosticar la extinción de los CDs, sustituidos por ficheros MP3 o similares almacenados en ordenadores o en reproductores tipo iPod con más y más gigas cada vez... Quizá ocurra, pero donde esté el encanto del disco físico con su caja y su libreto que se quite lo informático. Nunca renunciaré a mi compacto de 'Transformer' de Lou Reed o al de 'Live Through This' de Hole o al de 'Primitive Love' de Miami Sound Machine o... a ninguno de ellos, la verdad.
Es lo que tiene la música: no se trata sólo de oír, sino de rozar el fetichismo.