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Artículos - noviembre 2007

Con sólo dos álbumes publicados, 'Frank' (2003) y 'Back To Black' (2006), la británica Amy Winehouse ha pasado de ser la típica artista revelación (fase larvaria que, como un sarampión, parece que tiene que atravesar cualquier cantante o grupo, sobre todo si optan a recibir algún premio) a una estrella fundamentalmente mediática del palo de su colega Pete Doherty.

Y es que a pesar de (o gracias a) su juventud (nació el 14 de septiembre de 1983), Amy Winehouse es una adicta confesa a las drogas y el alcohol, excesos que comparte con su marido Blake Fielder-Civil y que, como al líder de Babyshambles, le empujan a caminar por el lado salvaje y a currarse lo de Sexo, Drogas y Rock & Roll, aunque ella sea una diva del R&B.

Se empeñan en compararla, en tanto que "chica mala", con su compatriora Lily Allen, pero mientras que la intérprete de 'Alright, Still' (2006) es una "niña bien" que va de rebelde sin causa y presumiendo de lengua viperina, Amy tiene un algo más prosaico, incluso más sórdido, que le hace infinitamente más atractiva. No es sólo su larga melena negra o su exceso de rímel y lápiz de ojos o sus tatuajes o sus ademanes casi gitanos, también es el alma (o el ángel, que diríamos por aquí) que hay detrás de sus canciones y del que Lily Allen carece.

Lo que Amy Winehouse mete en la coctelera es R&B, soul y jazz junto a unas letras irreverentes (sirva como ejemplo 'Rehab') y una voz desafiante. Una mezcla que no deja indiferente y que ha demostrado de sobra su eficacia justificando la publicación de una edición especial de 'Back To Black' que, hasta la fecha, lleva vendidas tres millones de copias en todo el mundo.

La reedición, en formato de lujo, de 'Back To Black', incluye un CD adicional con ocho temas inéditos en los que la cantante se atreve con clásicos como 'Cupid', de Sam Cooke, o 'To Know Him Is To Love Him', de Phil Spector. Además, se edita en DVD, bajo el título de "I Told I Was A Problem" (o sea, "Ya dije que yo era un problema"), el concierto que ofreció en el Shepherd's Bush Empire de Londres el pasado mes de marzo; otra perita en dulce para sus fans.

Y es que a Amy Winehouse, adorada por la prensa sensacionalista británica, la música le sirve de terapia: "Escribo canciones porque estoy hecha mierda de la cabeza y necesito sacar algo bueno de toda esa mierda". Y como tampoco le van las medias tintas ("soy muy autodestructiva cuando bebo", ha llegado a confesar), el espectáculo está garantizado.

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